Sergio del Rey, profesor del centro Alzahir
Son las once y media de la noche y como cada día, ahí están. Son representantes de nuestro turismo, aunque sólo se crucen con una pareja de japoneses despistados volviendo al hotel. Al día siguiente las calles de la judería se despiertan relucientes, porque las mangueras y los operarios de la limpieza municipal se encargaron de alejar con unos cuantos golpes de agua los restos y el polvo que quedaron en la calle.
Mañana de nuevo brillarán las calle. Nadie los ve, o casi nadie, cargan con la manguera y la escoba y cortan el agua cuando alguien pasa. Son parte de nuestro turismo, de ese turismo que no va a FITUR, ni aparece en las fotos de los periódicos, pero que contribuyen al éxito de una de nuestras fuentes principales de ingreso.
Los veo cada noche y mientras lucho por no llenarme los zapatos de agua reflexiono sobre la importancia de esas cosas pequeñas. El trabajo que pocos ven y que en ocasiones parece más una molestia que otra cosa hace posible que otros disfruten de la belleza de nuestras calles y de nuestra ciudad. Es algo minúsculo sí, pero es como la vida: la unión de pequeñas cosas, una después de otra, como el amor, lleno de pequeños detalles. Nuestros empleados de SADECO, saben mucho de ese servicio escondido.
