Juan Antonio Palacios Escobar
Todo suponía un problema para nuestra amiga Escolástica y era especialista en convertir sus éxitos en fracasos, en no posicionarse con claridad ante la toma de decisiones y navegar en el mar de las ambigüedades. Cualquier contratiempo le desequilibraba y no era capaz de hacerle frente.
No podía ni debía dilatar más las soluciones a los problemas pendientes pero tampoco debía fabricar un mundo de una nadería. Perturbada lo pasaba mal por cualquier cosa, y así si algún día por alguna circunstancia no podía ir al gimnasio para hacer deporte o ponerse en forma se ponía de mal humor.
Con ese tomarse las cosas tan a pecho, su aspecto había empeorado y aparentaba que estaba más envejecida que la edad que realmente tenía, ya que a sus 45 años, se suponía que le quedaba mucho camino por andar y cuerda para abordar los problemas que le surgieran y afectaran.
Escolástica estaba, poco a poco, aprendiendo a entender los sentimientos que en ocasiones le embargaban como un torbellino vertiginoso, y entre atónita e irritada sabía que a veces, le podía salir caro el protestar, pero ni le importaba, ni iba a someterse, ni mucho menos arrodillarse para ser acomodaticia al poder.
Sin embargo sus temores interiores no le permitían desarrollarse como persona y huía de la multitud en una especie de agorafobia, evitando lugares y momentos multitudinarios e intentándose refugiar en la soledad de su hogar para no verse en el trance de relacionarse con los demás.
Los quebraderos de cabeza de los últimos tiempos entre la fantasía y el surrealismo no tenían explicación lógica alguna, salvo en un comportamiento desviado de las normas y que para algunos resultaba un tanto extravagante y en ocasiones hasta molesto e incómodo.
Había ocasiones en las que Perturbada adoptaba un comportamiento irracional y en su percepción de la realidad le costaba diferenciar lo auténtico de lo falso y a la hora de pronunciar un discurso parecía estar hablando en una lengua extraña , ya que prácticamente no se le entendía nada , como si se tratara de un idioma incomprensible o realmente estuviera loca.
Claro está que algunos querían considerarla de tal guisa, tal vez porque tenía el valor de ser sincera y veraz, y poner en cuestión lo que decían algunos prebostes, que se consideraban los depositarios de la única verdad y los poseedores del poder absoluto.
A Escolástica le gustaba colocar en crisis a los mediocres e intentar acelerar y precipitar las respuestas y soluciones a los problemas. Era una forma, un tanto original, de evitar el clientelismo y la inmoralidad de los incompetentes.
No lograba comprender como algunos se empecinaban en repetir errores y equivocaciones del pasado, en un intento de considerarnos ignorantes o bobos, o hacernos ver que todos los disparates que llevan a cabo los hacen por nuestro bien, como si fuéramos menores de edad o seres de otra galaxia.
Por lo general Escolástica Perturbada se mostraba clarividente y era capaz de reconocer la miseria que le rodeaba sin perder el norte, teniendo claro cuál era su destino y llenando sus vacíos, salvando obstáculos y obsesiones, con la seguridad de que las cosas podían cambiar a mejor.
Ahora se había propuesta salir de aquella ola de pesimismo y plantar cara a la vida. Todo no podía empezar y terminar de la misma manera. No quería que su vida fuera una novela sabida con un final previsible. Necesitaba innovar para sentirse liberada y feliz y descubrir nuevos colores, formas y movimientos,
