Escocia-Cataluña
José M. Carmona Pérez, periodista
La situación en Escocia y Cataluña apunta similitudes pero son dos realidades completamente distintas. No se pueden comparar ambas problemáticas sin caer en errores de cajón. Esto ya lo sabemos, pero ¿cómo es la realidad en las calles de Inglaterra a diferencia de en España?
Para un servidor, que ha vivido el problema catalán durante toda su vida desde el sur de la península y que ahora vive la situación escocesa desde el sur de las islas británicas, surgen, inevitablemente, muchos paralelismos y comparaciones. Reitero que partimos de diferentes realidades con sus complejidades y propias particularidades cada una, pero, en el fondo, no dejamos de hablar de lo mismo.
Y lo primero que choca al palpar la realidad social de este tema en Inglaterra es la normalidad. La normalidad es la corriente principal en cualquier conversación entre británicos sobre el asunto escocés. Unos lo apoyan , otros no, y la mayoría en el sur creen que no conseguirán la independencia. De hecho, ni siquiera hablan de independencia, ya que ellos ya se consideran países independientes, si no de separación del reino. En España, una conversación de este tipo desembocaría en palabras altas y en más de una descalificación. A partir de mañana y tras saber los resultados del referendum, veremos hacia dónde derivan estas conversaciones.
Lo que es un terremoto político en nuestro país es algo mucho más cercano en Escocia. Sin necesidad de entrar en peleas históricas y debates fútiles entre políticos que, como siempre, se tiran los trastos a la cabeza, en Inglaterra se apela más al sentimiento y a lo más conveniente para los ciudadanos. En España, como siempre, politizamos todo lo que tocamos y nos dejamos alienar por esa pelea de gallos continua que todos los medios de comunicación nos inyectan en el cerebro.
Los catalanes quieren votar y Madrid se lo prohíbe; a ello, los políticos amenazan con celebrar el referendum incluso por encima de la legalidad. Y mientras, usando, como siempre, al ciudadano como pelele de sus intereses cuando en realidad son los intereses del ciudadano los que se están olvidando. Y, para más inri, aparecen corruptelas como la de Jordi Pujol, ese "gran" político defensor del proyecto catalán (¿qué no estarán robando los de ahora?). Barbaridades que, en Gran Bretaña, parecen impensables.