Marcial Vázquez
“El que entra en política realiza un contrato con poderes diábolicos”. Ya lo dijo hace muchos años un tal Max Weber, del cual seguramente la mayoría de diputados y concejales de nuestro país no sabrán absolutamente nada. Lo aclaro: es uno de los sociólogos más importantes del siglo pasado. En dicho contrato existe una cláusula irrenunciable para los políticos del PP: no dimitir bajo ningún concepto. De la izquierda se conocen algunas dimisiones importantes a lo largo de nuestra democracia. Del Partido Popular, ninguna. Cuentan que el programa “Cuarto Milenio” dedicará un especial a los fenómenos paranormales patrios el día que encuentren a un político del PP que hubiese dimitido. Porque dimitir, no dimiten, pero motivos y candidatos para dimitir, hay para aburrirnos.
Empecemos por el primer dirigente del PP que tendría que estar ya en su casa: Javier Arenas. ¿Para qué sirve a estas alturas Javier Arenas? Nadie lo sabe, pero cuentan que acabará en Madrid porque ser ya, por quinta vez, el candidato a la Junta de Andalucía sería algo difícil de sostener. Yo, sin embargo, no tengo tan claro que el eterno perdedor no vuelva por quinta vez a la escena del crimen. “Tócala otra vez, Sam”, y así sucesivamente. Fraga casi muere en la presidencia de la Xunta, pero es que Javier va camino de llevarse “el cambio andaluz” al más allá.
Pongamos otro ejemplo: Esperanza Aguirre. Y no lo digo por su receta para la final de la Copa del Rey, sino por su espantoso ridículo al estar durante meses poniéndose como ejemplo de economía y cumplimiento de déficit, y luego resulta que tiene el doble de lo declarado. ¿Es que nadie es responsable de las estafas y mentiras a los contribuyentes? Y eso que el mentir es un pecado, aunque para la derecha eso de los mandamientos solamente los aplican a los socialistas cuando tienen que demostrar en sus púlpitos mediáticos lo malos que son los de izquierdas. Y como las desgracias no vienen solas, se ha vuelto a reabrir la denuncia del espionaje ilegal dentro del PP de Madrid, esa trama que Cobo relató y denunció de manera tan traumática pero que, por obra y magia de Mariano, acabó retirando su demanda y también quiso hacerlo con sus palabras, pero las hemerotecas no se dejaron. Yo no sé la dignidad que puede tener alguien que advierte que los hijos de muchos miembros del PP están en peligro, como llegó a decir, y semanas más tarde ya no se acuerda de nada.
Sigamos. Otro candidato ideal para conjugar el verbo dimitir en primera persona del presente: Wert. El ministro de Cultura aún no ha sido cesado. Ni tampoco dimitido. Desconozco de dónde se sacó Rajoy a Wert, pero que es el peor ministro del ramo que ha pasado por España desde los tiempos de los Reyes Católicos, es algo más que acreditado en los pocos meses que lleva en el cargo. Solamente el corporativismo atroz que existe en la derecha hace posible que nadie se haya plantado ante el Presidente y le haya dicho: “este a la calle pero de inmediato”. Al PP no le preocupa la incompetencia de sus ministros porque están seguros de la indolencia de sus votantes.
¿Y qué decir de Ana Mato? Si cualquier ministra del PSOE llega a dar la rueda de prensa que dio Ana Jaguar la otra tarde, estarían día y noche recordando su intervención y llamando analfabetos a todo el socialismo. Es un video, desde luego, al nivel de la patética intervención de Rajoy ante Pedro J, cuando este le preguntó al futurible cuáles eran sus recetas para crear empleo. Ahora, meses más tarde, entendemos su balbuceo: no tenía absolutamente ninguna. Eso sí, le recomendó a la figurante y autora de tan inesperada cuestión que estudiase mucho y que viajase mucho. Intelectualmente insuperable.
Y ya para cerrar este pequeño ejercicio de “pasadimisión”, llegamos al último que en realidad es el primero: Mariano Rajoy. Primero porque jamás tuvo que haber llegado a ser presidente del Gobierno. Y segundo porque ha mentido tanto, que ahora se ahoga en sus propias mentiras y llega a culpar al BCE de la crisis de la deuda soberana de España. ¿Pero no era Zapatero la causa de la prima de riesgo de España? ¿Por qué habéis mentido tanto y sois tan malos gobernando? Pues muy sencillo: porque lo único que ha movido a Rajoy y a sus palmeros ha sido el poder, la vida fácil y, también, la posibilidad de desquite. Y así nos va. Un gobierno lleno de ministros entre ridículos, mesiánicos e inútiles; y un presidente que llegó a creerse que siendo el monaguillo de Merkel podría recoger algunas migajas de la eucaristía. Y, por ahora, la ostia que se está llevando no es, ni mucho menos, sagrada.
