Errores que descubren verdades

Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla

Por qué tenemos tendencia a justificarnos cuando cometemos errores. Hay errores que no se deben justificar, basta con admitirlos y de la misma forma que estamos reconociendo que lo hemos cometido, eso  tenderá a minimizarlo.

También hay  fallos que no tienen explicación, por mucho que nos empeñemos en lo contrario. Somos imperfectos, precisamente reconocerlo es lo que nos hace ser un poco más perfectos. Los animales irracionales, los que no tienen consciencia de su yo, no tienen esa capacidad. Cierto que, actualmente debe de haber muchos de este tipo, pues no hay ninguno que reconozca que ha cometido actos que de racionales no tienen nada.

Se toman medidas desproporcionadas contra personas cuyo delito no va más allá de una acción en la que no debió incurrir, en su momento. Pero que una vez cometida y reconocida, se le aplica la misma fuerza de la ley que, a aquel cuyo error-bueno, error no- delito flagrante, causó más daño a la sociedad. Aún se agrava más el asunto cuando se sigue sin reconocerlo. Que también abundan muchos de este tipo.

El ser humano es complejo en sí mismo. Supongo que, aunque parezca una contradicción, es lo que nos hace distintos e inimitables. Se imitan las conductas pero la esencia, eso es de cada uno e, intransferible. Creo que los errores, muchas veces no se pueden evitar, pero sí es importante cómo actuamos frente a ellos.  Además pienso que si no te equivocas de vez en cuando, es que las cosas no se intentan.

Intrínsecamente  a todo este  espectáculo que es la vida, en la que los actores somos todos. En  el reparto de papeles a unos le tocó  las  escenas  más agradables de  la obra y, en cambio a otros,  las de la resignación o sufrimiento, que no  conformistas. Lo chocante es que la historia siempre es la misma, lo que cambian son los actores. Y de la misma manera siempre los papeles de sufridores y débiles  recaen en el mismo tipo de personajes. Como dice Helen Prejean ”Hay dos situaciones que producen historias interesantes; cuando una persona extraordinaria vive en circunstancias ordinarias, y cuando una persona ordinaria interviene en hechos extraordinarios”.

La historia de la Historia es la lucha constante entre unos y otros. En este siglo, la lucha es de otro tipo pero es igual, sigue siendo lucha.  Por ello el secreto de la existencia del hombre no está sólo en vivir, sino también en saber para qué vivimos, darnos cuenta de que cuando nos equivocamos descubrimos una verdad que no conocíamos, si cerramos puertas también ésta se queda fuera.