Entre voces y visiones

Juan Antonio Palacios Escobar

Entre lo oscuro y lo ambiguo, la incapacidad y el desconcierto, las voces y los ecos, las visiones y los espejismos, el progreso y la regresión, el despropósito y el sentido común, las presencias y las ausencias, la espera y la desesperación, los nacimientos y las defunciones, la vida sigue y no hay quien la pare ni para bien, ni para mal, porque no debemos olvidar que la propia muerte forma parte de ella.

Algunos necios andan queriendo maquillar la realidad, queridos lectores de TELEPRENSA.ES,y se pierden en lujos insoportables en un insultante e irritante despilfarro, no disfrutando del placer de las pequeñas cosas lejos de los marcos y las marcas, que nos encierran a todos y todas en la uniformidad de una globalización esterilizante.

La cosa pública, nos arroja personajes que se creen destinados a mandar y sus ambiciones inconfensables les llevan a afirmarse sobre un futuro siempre incierto, que ni ellos saben a donde les conducirá en medio de maniobras de distracción y fuegos de artificio.

Mientras, otros en lugar de dedicar su tiempo a lograr hacer algo de provecho en beneficio de la comunidad, se ejercitan en el deporte de la conspiración, con el fin de desgastar a quien ostenta el poder, para cometer los mismos errores que prometen arreglar una vez que logran alcanzarlo.

Entretanto están quienes desde sus iniciativas intentan anticipar el futuro, como si lo estuvieran imaginando y fueran por delante de los acontecimientos. Suelen ser incomprendidos y tildados de visionarios porque se resisten a entrar por el aro y aceptar las cosas tal como son, con la muletilla tan en boga entre nuestros responsables políticos de “como no podía ser de otra manera”.

Por eso aquellos que lejos de sólo decir que hay que hacer, son capaces de llevarlo a cabo , han de andarse con pies de plomo en un campo repleto de minas, ya que por muy satisfechos que se encuentren con su trabajo, se convertirán la mayoría de las ocasiones en la diana de mediocres, mezquinos y miserables.

Los agoreros disfrazados bajo los roles de pelotas y chivatos, no estarán dispuestos a otorgarles mérito alguno ni darle ningún tipo de alegría, sino todo lo contrario ,por lo que habrá de emprender lo que debería ser normal como un auténtico reto en el que tendrá que sortear alacranes, serpientes y cocodrilos.

Han de vacunarse diariamente los trabajadores de la política, contra alpinistas y escaladores del poder, que sólo intentan hacer de los demás unos instrumentos utilizables para concretar sus falsos ideales y sus oscuros intereses. Santifican con sus palabras las opiniones más absurdas y ridículas como las únicas soluciones posibles.

La mayoría de las veces, es un consuelo que los incompetentes, se limiten a participar en una alocada carrera para conseguir decir “más tonterías que el otro”, en una especie de competición para entrar el libro Guinness de los récords. Lo peor es cuando acaban haciéndolas, y sus memeces terminamos pagándolas el conjunto de la ciudadanía.

Entre voces y visiones, defendemos a la gente comprometida y nos sobran los que hacen de su actividad pública, una pura perversión, queremos sinceridades y rechazamos engaños. Nos hieren la intolerancia y la injusticia, y tenemos que seguir siendo críticos, aunque a algunos les moleste, cuando el poder y sus títeres quieren silenciarnos. Despertemos de la anestesia, huyamos de los bostezos que provoca el aburrimiento, y mantengámonos alerta hacia aquellos para quienes, sólo somos la escalera, no quienes la suben o la bajan.