Elefantes blancos

María Acosta Puerta. Abogada. Escobar Navarrete Abogados

En estas líneas y con el título de elefantes blancos no vengo a hablar del mundo animal, sino de las construcciones que se han venido realizando en un gran número de ciudades y  que por varias razones se están quedando en desuso o nunca han llegado a tenerlo, suponiendo un costo de manutención mayor que los beneficios que aportan.
Numerosas ciudades han venido anunciando con bombo y platillo sus proyectos estrella, auditorios, eventos culturales y ferias de muestras que precisan de nuevas infraestructuras, etc. Contar con un edificio icónico era sinónimo de modernidad, crecimiento, estatus. Al igual que en la antigua Siam (Tailandia) cuantos más elefantes blancos tiene el rey mayor será su estatus, cualquier administración que se precie debía anunciar algún edificio o evento que destacase.


Un ejemplo claro es el aeropuerto de Ciudad Real, que cuenta con una pista de aterrizaje de las mayores de Europa y una terminal de 28.000 metros. Sin embargo, está inmerso en un concurso de acreedores y estará cerrado temporalmente. Los hechos demuestran que este aeropuerto, o al menos con estas dimensiones,  era innecesario, pues de lo contrario ¿cómo se explica que únicamente operase una compañía en la que sus aviones llevaban más personal de tripulación que pasajeros?


Burgos, Lérida, Castellón y León son algunos que han intervenido en el sector aeroportuario sin éxito, ¿acaso no se justifica antes de ejecutar el proyecto su viabilidad? Es evidente que la crisis económica no está ayudando al éxito de estos proyectos, pero también es cierto que con crisis o no muchos de ellos estaban avocados al fracaso.


En Galicia se estima que se han realizado edificios públicos por importe de más de cincuenta millones de euros, y sin embargo la mayoría no tiene un uso aún atribuido, no se han terminado o están terminados pero no abiertos al público. Este hecho se extiende por toda la geografía española, y en mayor o menor medida cada provincia cuenta con algún edificio al que se ha destinado importantes cantidades de dinero público inútilmente, puesto que no se le está dando uso alguno.


No sólo impresiona el gasto que se ha invertido en cada uno de estos edificios, sino que también es desorbitado el gasto que nos supone mantenerlos.  Seguro que se nos ocurren miles de mejores destinos para los fondos públicos que un centro de interpretación de la trucha, del ajo morado, o de lo que podamos imaginar.


La situación actual debe suponer un antes y un después en el concepto de ciudad y en el destino de los fondos públicos, de forma que vayan encaminados a su uso racional y sostenible; y no a la realización de edificaciones a las que se destinan millones de euros y cuyo interés para el conjunto de los ciudadanos es muy discutible.

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