El saludo fascista

Marcial Vázquez

Es realmente sintomático observar lo mal que se ha tomado hoy toda la derecha que unos cuantos alumnos le hayan negado el saludo al ministro de educación. Y esto les ha molestado, fundamentalmente, por dos cosas: porque no pueden acusar a estos alumnos de ser unos vagos y unos jóvenes nini; y, sobre todo, porque a la derecha lo que le gustaría en realidad es que todos volviésemos al uso del saludo fascista. Nada de darle la mano a un ministro, sino brazo en alto y extendido, que es la postura natural de los súbditos cuando se encuentran delante de los que mandan. Porque para el PP todos los españoles somos unos súbditos en potencia, menos cuando piden nuestro votos, que pasamos a ser súbditos-votantes.

Y es que Wert no tiene por qué soportar estas cosas, ya que Ignacio está en política perdiendo dinero. Sin ir más lejos la empresa “Inspire Consultores” ganó gracias a él casi medio millón de euros, aunque al ser nombrado ministro de Educación abandonó la presidencia de la susodicha consultoría. ¿Está o no perdiendo dinero por tener que soportar estos desplantes de jóvenes que no entienden que deberían de arrodillarse ante la eminencia ministerial y besarle la mano? Bien es cierto que aún siendo las cifras facturadas por Wert bastante decentes, nada comparado con los 12 millones de euros que ha ganado Arriola, marido de Celia Villalobos, aconsejando y guiando por el buen camino a la derecha popular. ¡12 millones de euros! Para que luego nos digan en la facultad de políticas y sociología que no se puede hacer uno rico estudiando esta carrera. No nos haremos ricos los que no estemos afiliados al PP, que es distinto, porque de ahora en adelante Arriola tendría que ser canonizado como el santo de las ciencias políticas y sociológicas y declarar festivo en la facultad el día en que nació el esposo de la ex alcaldesa malagueña. Jóvenes españoles, no os hagáis emprendedores, sino sociólogos y formad parte de la gran familia que es el PP. Porque a fin de cuentas, ¿qué significa “emprendedor” para la derecha? Su manera de camuflar la incapacidad manifiesta que tienen de crear empleo y ofrecer un futuro digno desde el Gobierno.

Porque no nos engañemos: la salida de la crisis en España, cuando llegue, será una salida hacia un país mucho más pobre, mucho más desigual y, también, mucho menos democrático. El Partido Popular ha devaluado nuestro país hasta tales extremos que somos la sociedad europea con más desequilibrio entre la estructura laboral y la estructura académica. Una sociedad formada por un gran número de españoles infra formados y otro gran número de sobre cualificados que se ven empujados a buscar en el exterior lo que España, como país, no puede ofrecerle. La reforma laboral sumada a la reforma educativa que pretende esta derecha protofascista, clasista y siempre declaradamente cristiana, dará como resultado una dualidad que abrirá una brecha social que nos clasificará como españoles de primera o como españoles de segunda.

Cuando escucho decir a algunos que la derecha pretende destruir el estado del Bienestar no es que se equivoquen en cuál sería el más íntimo deseo del PP, pero sí se equivocan en su método. No van a destruir el estado del Bienestar porque eso sería jugarse el poder ante un violento estallido social agregado, pero sí están introduciendo reformas paramétricas que con el paso del tiempo y su consiguiente suma, lograrán también dividir el estado del Bienestar en primera y segunda clase. Eso sí, habrá dos Españas reales pero una sola oficial, y bajo el palio de la Santa Madre Iglesia, a la que el PP llena de incienso y mirra por si realmente existe Dios y considera pecado todo lo que están haciendo en el poder y que está destrozando la vida de millones de españoles.

El sábado Rajoy presumía de haber echado a la calle a 375 mil trabajadores públicos; y ayer presumió en el Senado de que a él la UE no le dice lo que tiene que hacer, sino que todos los recortes, impuestos y demás canalladas que ha realizado ha sido porque ha querido. Aquí vemos como la chulería de este presidente que presenta serios rasgos de sociopatía le juega una mala pasada: ya no podrá escudarse en sus justificaciones anteriores de que “no había tenido más remedio”. Son tan malos como parecen y, en ocasiones, se sienten tan valientes que se quitan la careta. Ante esto, nuestra obligación, está clara: quitarles del gobierno y mandarlos a su casa.