¡El mundial nos une!

Niky Moliviatis, Estudiante

 Se ha dado cuenta que en estos días todo se ha transformado multicolor. Camisetas de todos los países seleccionados, las caras pintadas, los gritos, la euforia, restaurantes llenos y las cervezas bien frías. A esto, señores, le llamo mundial.

Cada cuatro años el mundo se vuelve una fiesta, ¿a quién no le gusta el futbol? Si es tan emocionante, excitante, tan… okay, no voy a mentir porque si lo hago empezaría a parecer más política de lo que ya soy. Yo soy una de esas personas que el futbol no me apasiona, ni me vuelve loca, ni mucho menos me quita la paz,  soy de las que prefieren quedarse en su casa leyendo un libro o escribiendo algo. Aun así, debo de confesar algo: la fiebre del mundial se pega.

El sábado jugó Grecia contra Colombia, una locura total en mi casa ya que la familia de mi padre es griega. Así que decidimos ponernos la camiseta he ir a la Taberna del Griego a disfrutar de nuestro pedacito de Grecia en Guatemala. Sin darme cuenta, me quede sentada desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde viendo los distintos juegos, apostando con mis amigos, pintando caritas con mi sobrina, gritándole a la televisión —como si en verdad me fueran a escuchar— pasando un momento inigualable.

Exactamente ahí fue donde me puse a analizar;  el mundial de futbol no se trata de hombrecitos corriendo detrás de una pelota para meterla en un rectángulo con una red, talvez no sea la competencia por ganar una estatua de oro, talvez no sea el título, la fama o el dinero. Puede que la locura del mundial vaya mucho más lejos de ser sólo un deporte.

Estaba impresionada de ver como muchísimas personas que decidieron ponerse la camiseta del equipo del novio, de la novia, del hermano, del primo, del papá, de la hermana, de la amiga, por el simple hecho de ir a pasar un buen momento con todo el grupo. Al igual que yo, estoy segura, que le gritaron a la televisión esperando a que el tarado que tiro la pelota a su portería anotando un autogol, te escuchara maltratarlo.  

Como les digo, el mundial nos une a todos;  Guatemala no llegó al mundial, hay que admitir que tenemos un pequeño problema con ese deporte en específico. Aun así soñamos en que este sea el año en que Guatemala llegue a formar parte de esos países privilegiados de vivir esa locura con la camiseta de nuestro equipo. Puede que pronto se vuelva realidad, puede que nunca llegue a pasar pero… creo que Guate ¡ya está en el mundial! ¿Qué, acaso no lo ven?

Nos levantamos “temprano”, nos juntamos con nuestros amigos, apoyamos a un equipo del cual nos sentimos partes, maltratamos a los equipos que no nos gustan, apostamos y hacemos quinielas. ¿Acaso eso no es vivir el mundial? Ponemos aprueba nuestra capacidad, nos volvemos locos gritando ¡gol! Salimos corriendo, abrazamos a los de la mesa vecina para celebrar la camiseta —que no es de nuestro país— y llevamos puesta. Para mí, esto es vivir el mundial.

Puede que todos los guatemaltecos no estemos vestidos del mismo color, pero estamos viviendo un mundial lleno de color, alegría, pasión y sobretodo unión. Si alguien no está de acuerdo en que este evento nos une, lo respeto, yo era de esas que creía que una pelota rodando por todo el campo no podía unirnos, pero estaba equivocada. Este es en el único momento donde olvidamos de donde somos y nos volvemos ciudadanos del mundo.

Espero disfruten de esta fiebre futbolística gritándole mucho a una pantalla. Seguramente algún día los que estén jugando los escucharán y sentirán lo que es estar sentado en una butaca en un estadio lleno de emoción. Guatemala está viviendo el mundial ¿y tú?