jueves. 04.06.2026

El líder que necesitamos

Marcial Vázquez

El mundo ya estaba huérfano de líderes políticos antes de la muerte de Mandela. Vivimos en la época de lo “políticamente correcto” y por eso casi ningún miembro de nuestra élite política despierta ninguna pasión en la sociedad española. Ya no se trata de empatía social, sino que ni siquiera existe el respeto a los votantes. Bien es cierto que España se caracteriza por ser un país donde gran parte de sus habitantes no se hacen respetar por sus clases dirigentes, aunque siempre es más fácil echarle toda la culpa a los políticos que se sitúan en el escaparate de los improperios de los arrabales.

No voy a negar que una parte ciertamente numerosa e importante del total de los políticos nacionales son mediocres, irrespetuosos, sin ningún tipo de afán de superación y, en muchos casos también, malas personas. Pero no podremos nunca conseguir una élite dirigente que se exija a si misma si previamente los españoles no aplicamos el principio de responsabilidad política como mínimo cuando se abren las urnas. Si un candidato incumple su programa, miente, roba, protege a los que roban, la justicia no lo inhabilita, vuelve a presentarse y gana nuevamente las elecciones, ¿de quién es la culpa, del político corrupto o de la sociedad que lo ampara? De la sociedad que lo ampara, sin ninguna duda.

La muerte de Mandela ha coincidido, además, con una entrevista en “el País” a Mariano Rajoy donde, entre diversas gansadas y mentiras, decía algo que se extrajo como titular: “confío en que Alemania sepa el rumbo que tenemos que tomar” (cito de memoria). Algo que solamente en un país tan anestesiado como el nuestro puede llegar a plantearlo el presidente del Gobierno sin que acto seguido la oposición en bloque presente una moción de censura para denunciar semejante irresponsabilidad premeditada de nuestro primer ministro. ¿Para qué está Rajoy en el gobierno si, en el fondo, aquí la única que manda y de la que dependemos es Alemania?

Bueno, pues está para ir al funeral de una leyenda histórica del siglo pasado a celebrar que van a hacerle la misa en el mismo estadio donde España ganó el mundial de fútbol. Y esto que podría ser parte del guión de alguna película de Almodóvar, es la realidad a la que nos enfrentamos los españoles cuando miramos el día a día del inquilino de la Moncloa. España no puede considerarse una democracia real y de calidad en la actualidad por muchas cosas, pero sobre todo porque nos gobierna un personaje propio de la presidencia de una república bananera. No solamente no sirve para gobernar, sino que en su disfrute del cargo no tiene sentido del ridículo y lo mismo te habla de fútbol con el cuerpo aún caliente de Mandela, que va y le suelta delante de las cámaras al primer ministro inglés “it´s very difficult todo esto”. ¿Tan bajo hemos caído los españoles para que a pesar de todo el PP siga encabezando las encuestas hechas y por hacer?

La respuesta no es simple pero empieza así: la izquierda española, en especial el socialismo, está huérfana de un liderazgo efectivo y, sobre todo, afectivo. Un problema que afecta sobre todo a nivel nacional pero también en varias capas de nuestro territorio.

En Andalucía la llegada de Susana Díaz puede haber cubierto las expectativas o las necesidades a nivel autonómico de los andaluces, teniendo en cuenta de que enfrente tenemos a un partido donde nadie quiere ser el candidato y esperan con los dedos cruzados que desde Génova no se diga su nombre cuando a Rajoy le apetezca asumir el reto andaluz del fascismo popular.

Es cierto que en esta época existen numerosos estudios, especialistas, disciplinas sobre marketing y comunicación política, dispuesta y al servicio de los grandes partidos que necesitan forjar a sus líderes. ¿Cuál es el problema? Que el liderazgo político, el referente social, la empatía colectiva, no se puede impostar, no se puede fabricar. Algunos piensan que ciertos maquillajes son efectivos a la hora de aparentar cosas que no son ante los votantes. Pero se olvidan que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, y si algo caracteriza a los votantes de izquierdas en la actualidad es que están ya hartos de estafas y de promesas incumplidas.

Yo ni tengo ni tendré jamás la fórmula para fabricar a un líder de verdad. Otros lo intentan, y no todos los experimentos salen bien. Incluso algunos estallan antes de salir al mercado. Puede ser. Solo haré mías las palabras de León Felipe: “un verdadero líder no es aquel que llega el primero, sino el que llega con todos y a tiempo”. Y este es el líder que quiero para mi partido y el presidente que quiero para mi país.

El líder que necesitamos
Entrando en la página solicitada Saltar publicidad