Jerónimo Medina, teleprensa.com Madrid
Con palabras: renovación, cambio, nuevos tiempos… Se pretende camelar al electorado. Lo está intentando el partido mayoritario, el PP, pero no son ajenos a esta dialéctica el resto de fuerzas políticas.
Parece que con la sola mención del significante, variará el significado y no se dan cuenta que, en lo que respecta a las palabras sí, pero los hechos están ahí y permanecen como honrosa u horrorosa imagen de su legado. Es como la piedra de sillería, el granito de muchos monumentos: castillos, iglesias, etc., que salpican nuestra rica geografía turística, están ahí, inmutables y testigos mudos del paso del tiempo. Así ocurre con la gestión política, si se hace bien el lustre reluce: superávit, empleo, industrialización, infraestructuras, porvenir en general que los ciudadanos pueden valorar en positivo. Pero, si es al revés: déficit, paro, cierre de fábricas, abandono y pobreza generalizados; entonces el mal gobierno empaña y estará presente e imborrable en la mente de la ciudadanía, entre otras cosas, porque la negra realidad se lo recordará a cada uno de los afectados.
Eso es precisamente lo que ocurre en España, que la crisis y las decisiones que se han tomado para administrarla han sido nefastas para la mayoría de la población y eso no se puede tapar con palabras. Ahora, además, se pretende dar un paso más en la avanzadilla hacia el poder y se entremezclan las ideas de unos y otros, pero resurgiendo finalmente la intención pura y espuria que se maquinaba desde el principio.
Quieren cambiar todo, para que no cambie nada. Ahora les entra la prisa, resulta que van a insuflar Democracia por un tubo, con casi 40 años de historia constitucional resulta que tenemos un vacío electoral. Un error de cálculo, inesperadamente acontecido, según el cual: una conjunción de perdedores se alían contra el indefenso vencedor del sufragio universal, para arrebatarle impúdicamente su derecho al poder. ¡Increíble descubrimiento!
Y claro, el tema merece una solución extraordinaria. Un parche a medida que se aplicará de urgencia, ex profeso para las próximas Elecciones Municipales, con acuerdo o sin él –porque el texto a debatir es la Reforma Electoral de Rajoy, no las ideas de conjunto que puedan aportar los demás partidos–, que para eso tienen la mayoría soberana de la representación popular (aunque nadie sabe dónde estaba ese punto en su Programa).
PODEMOS prendió la mecha ¡y de qué manera! La Monarquía, quizás el estamento de poder más anquilosado –sin contar la Iglesia–, ha renovado a su manera la figura del Jefe de Estado y desde ahí ha sobrevenido en casi todo el arco parlamentario: PSOE con Pedro Sánchez, IU con Alberto Garzón, UPyD en breve estudiará una alianza con Ciutadans donde Albert Rivera ofrece un discurso e imagen totalmente diferentes del centro derecha español, el PNV con Iñigo Urkullu ha conseguido moderarse lo suficiente como para gobernar el País Vasco y ser una pieza importante como históricamente lo ha sido siempre en el Congreso, CIU deberá resolver tras el más que previsible fracaso soberanista y batacazo electoral que se le augura (en la parte de Unió Democrática ya trabajan en la sucesión a Duran y Lleida). En definitiva, todos han movido ficha, todos menos el PP, que vive en su burbuja particular en la que como un elefante: camina despacio y pisa fuerte, para espantar al resto de rivales de su camino y así mantener el estatus propio actual. (*)
(*) Nota: No se incluye, pero tampoco se olvida el Grupo Mixto: Amaiur, UPN, Geroa Bai, CC, ERC. Ni los partidos que se agrupan en coalición con los ya nombrados: Izquierda Plural, ICV, etc. El motivo es por no alargar en exceso la explicación.
La consecuencia del juego de palabras, llamémosle “regeneración democrática” y así suena muy bien, es disimular un pucherazo electoral con el que asegurar el mantenimiento institucional del poder a toda costa. Un invento de última hora, la nueva burla a los españoles. Comenzaron llamando ajustes a los recortes, crecimiento negativo a la recesión, refinanciación de la deuda al rescate bancario y con la rima del eufemismo, se consiguió convencer de cómo una subida del IVA y la modificación de los tramos del IRPF –para que las clases medias pagaran más impuestos– se entendiera como una adecuación al nivel europeo y en ello están desde la Reforma Laboral para traer los contratos parciales (por días, incluso de horas los hay ya) que son nuestros “Mini-jobs” a la española. En esta vuelta de tuerca estamos, para revirar el sistema democrático y que no lo parezca.
