El experimento catalán se queda a las puertas
Victor García, teleprensa.com Pozuelo (*)
Estuvieron cerca pero no llegaron. Las votaciones de ayer demuestran la fractura social y política que existe en Cataluña. Pero, a pesar de que las candidaturas independentistas obtuvieron la mayoría de los escaños para el Parlament, hubo más votantes partidarios de posiciones no secesionistas. Lo que se planteó como un plebiscito en toda regla ha resultado ser un fracaso para Mas, Junqueras, Romeva y compañía.
Fuese vinculante o no, el pueblo catalán ha manifestado que, de momento, quiere seguir perteneciendo al Estado español. El órdago se ha perdido. Se presentaron dos posiciones claras y las elecciones han deparado resultados muy igualados pero insuficientes. Menos de la mitad de los catalanes han votado a las opciones propuestas por Junts pel Sí o la CUP. Aunque la formación de David Fernández y Antonio Baños pudiera apoyar la candidatura conjunta de Convergencia y ERC, dijeron que nunca auparían a Artur Mas al poder, esto solo permitiría formar gobierno, nunca declarar la independencia de manera unilateral. La CUP ya se comprometió a no hacerlo si la independencia no ganaba en votos.
Es interesante observar los movimientos que hagan a partir de ahora los impulsores del proceso. Al fin y al cabo no han logrado su objetivo y deberían asumir responsabilidades. Es más, han empeorado los resultados de los anteriores comicios. En 2012 entre CIU y ERC obtuvieron 71 escaños (50 y 21 respectivamente), lo que les hubiera permitido obtener mayoría absoluta sin necesidad e recurrir a la CUP, y ayer la candidatura conjunta donde se han agrupado consiguió 62. Es verdad que la CUP ha pasado de 3 a 10 diputados, pero no es menos cierto que su proyecto independentista se ha desmarcado del ofrecido por Junts pel Sí porque ha priorizado su ideología y no se ha subido al carro a cualquier precio.
Y es que el experimento antinatural al que fuerzas de izquierdas se sometieron para ir de la mano de un partido tan conservador como es Convergencia ha resultado defectuoso y ahora la incertidumbre se presenta como elemento dominante. Esta alianza artificial se llevó a cabo con el único e indispensable objetivo de avalar la independencia de Cataluña. Una vez errado en el intento, ¿seguirán juntas dos formaciones tan opuestas en lo ideológico, tratarán de superar sus notables diferencias y posibilitarán un gobierno más o menos coherente y estable?
Al no centrar la campaña en un proyecto político concreto e inmediato que trate de resolver los problemas más acuciantes de los catalanes se la han jugado y, en cierto modo, han faltado al respeto de sus ciudadanos. Paradójicamente, el mal resultado de Catalunya sí que es Pot se ha debido a que no se ha centrado en el polarizado debate del sí o el no y ha dirigido su campaña a las preocupaciones económicas y sociales de sus ciudadanos. PP y PSOE siguen cayendo, aunque el naufragio fue menos profundo de lo que se podía esperar. De todo esto se aprovechó el gran triunfador de la noche: Ciudadanos. La candidata Inés Arrimadas ha logrado pasar de 9 a 25 escaños. Espectacular crecimiento. Una vez más el oportunismo del partido de Albert Rivera cosecha éxitos simplemente porque PP y PSOE lo hacen rematadamente mal.
Como oportunista también fue el posicionamiento que fue adquiriendo el señor Artur Mas hasta llegar al del proceso secesionista. Con el contexto de crisis, fundamentalmente la económica, como principal detonante del descontento de los ciudadanos y aderezándolo con milongas que bien son asumidas en períodos de desesperación fue creyéndose su papel de héroe redentor de una Cataluña a la que él también ha dejado tiritando. Sus políticas ultraconservadoras, muy similares a las del PP, ese partido con el que solo se diferencia por el radio de acción sobre el que puede influir, han recortado prestaciones básicas que son pilares del Estado de Bienestar. Otras de las razones por las que es comprensible que no se quiera pertenecer a España son el despilfarro y la corrupción estructural en las administraciones. Pues bien, por todos es sabido que de estos ingredientes el Gobierno de Cataluña no ha ido precisamente desprovisto.
Y la principal queja es que sienten que el Estado central maltrata a Cataluña en materia fiscal. Si lo comparamos con el País Vasco y Navarra, esto tiene sentido. Pero todas y cada una de las comunidades autónomas se podrían sentir afrentadas por carecer de los privilegios de que gozan estas dos regiones con regímenes especiales. Si dejamos a un lado estas excepciones, vemos que Cataluña es uno de los que más recauda y de los que menos recibe por parte del Estado. Es un hecho innegable, pero Madrid y Baleares también podrían lamentarse si no fuera porque se saben dentro de un país con diferentes comunidades autónomas, todas ellas de muy distintas características. Esto supone que algunas tengan la capacidad de ingresar más que otras, por lo tanto de que unas sean más ricas que otras. Y como ocurre en la lógica en que se basa la progresividad de los impuestos, el método solidario con aquellos que menos tienen indica que lo ideal es llevar a cabo una redistribución de la riqueza. Es decir, que los que más tienen aporten más a los más desfavorecidos. Simple. El problema surge cuando no se está por la labor de destinar los recursos propios a mejorar el porvenir de terceros. Si Cataluña quiere gestionar al cien por cien sus ingresos fiscales, es algo legítimo y comprensible. Por eso, deberían manifestar las verdaderas razones por las que anhelan la independencia: falta de voluntad para ser solidarios con el resto de las comunidades españolas. Y puede que no les falte razón, ya que los criterios de gestión de los recursos de estas no son plausibles y no puede que no concuerden con los suyos, pero hay que decirlo claro. No obstante, no deberían pasar por alto que son quienes más reciben del fondo de suficiencia y tras Andalucía se trata de la segunda comunidad que más déficit provoca a la Seguridad Social en el ámbito de las pensiones.
Por lo tanto el nacionalismo de Convergencia no es especial, es el que impera en el resto del mundo: el dinero. Nada tiene que ver con la línea continua que ha dibujado ERC a lo largo de su historia, sustentada por componentes de identidad que más tienen que ver con un sentimiento de pertenencia exclusivo y un afán por desarrollarse como país tomando sus propias decisiones y dejando en un segundo plano la coyuntural conveniencia económica. Al margen de que la división debilite tanto a una parte como a la otra, unos lo buscaron siempre y otros han cambiado su rumbo hacia posiciones ventajistas. Otra muestra de hipocresía del partido de Mas es que su grupo parlamentario votó en contra de reconocer el derecho de autodeterminación del pueblo palestino y de revisar las relaciones con universidades y empresas israelíes que hayan participado en la construcción de asentamientos ilegales de colonos judíos en Palestina de forma demostrada. También se vetó la posibilidad de que el Sáhara Occidental pudiese celebrar un referéndum vinculante para separarse de Marruecos. En este caso no les parece que sea justo ejercer el derecho a la autodeterminación. Parece que los negocios con Israel son más importantes. ERC y la CUP sí votaron a favor de forma consecuente con sus ideas.
Tampoco han sabido los partidos españoles afrontar el problema como una realidad ineludible. No se han planteado soluciones intermedias o procedimientos especiales. Quien escribe está muy a favor de que el pueblo exprese su opinión, no se debe reprimir la voz de quienes ponen a los políticos en las instituciones, porque la política y la ley debe ir amoldándose a lo que se exige en la calle. Por lo tanto, es necesario que los catalanes digan abiertamente si quieren irse de España o seguir dentro. No obstante, una decisión de tal envergadura debe contar con el respaldo casi unánime de la población. Opciones como la mayoría cualificada de dos tercios presentaría un escenario nuevo. Si un 66% de los votantes de Cataluña mostraran su voluntad de formar un estado propio, no quedaría más remedio que otorgar la independencia por aplastamiento. Otra solución podría haber sido la de tener a la otra parte, en este caso el resto de España, en cuenta a la hora de un referéndum vinculante. Aunque en este caso los resultados serían previsibles, evitarían la descabellada idea de ejercer el derecho de autodeterminación que reconoce la ONU. Ninguno de los supuestos por los que una región estaría en su completo derecho de separarse unilateralmente está presente en la cuestión catalana. No existe una subyugación. España no oprime al pueblo catalán. Tampoco Cataluña formó un país en sí mismo y fue conquistado por parte del Imperio Español. La ONU reconoce este derecho a todos los pueblos, pero este ambiguo concepto puede referirse a Cataluña, a Badalona a los kurdos o a España. Además, también se reconocen otros principios como la soberanía e integridad territorial.
Antonio Baños (CUP) ya ha reconocido que han perdido el plebiscito y su partido aseguró que no acompañaría en la declaración de independencia a Junts pel Sí si no ganaban también en votos. Además no votarían la investidura de Mas como President de la Generalitat. Tienen la oportunidad de ser fieles a su palabra, algo que cada vez es más insólito en política. Artur Mas, Oriol Junqueras y Raül Romeva no reconocen la derrota. Es más, consideran que ha habido más votantes a favor que en contra de la independencia ya que no identifican a Catalunya Sí que es Pot como explícitamente contrarios a esta. A pesar de que Pablo Iglesias y Lluís Rabell hayan dejado claro que estarían a favor de una consulta oficial pero no de la separación. De hecho, en esta formación se encuentra el ex compañero de Romeva en ICV Joan Herrera. La teoría de Romeva de que en Catalunya Sí que es Pot habrá algún independentista se desmonta con el argumento de que, si así fuese, esas personas se habrían marchado acompañando al propio Romeva a Junts pel Sí.
Sea como fuere Cataluña está dividida entre los que se quieren ir y los que se quieren quedar. El resultado, aunque decepcionante para los partidarios de la emancipación, siguen dando argumentos para proseguir con el proceso y el conflicto va para largo.
(*) Victor García es periodista y editor de la franquicia teleprensa.com Pozuelo