jueves. 04.06.2026

El caciquismo del siglo XXI

Carlos Lucena, teleprensa.es Córdoba

Fue en 1884 cuando la Real Academia de la Lengua Española (RAE) introdujo la palabra caciquismo en el diccionario. Así, la RAE define el caciquismo como “dominación o influencia del cacique de un pueblo o comarca” e “intromisión abusiva de una persona o una autoridad en determinados asuntos, valiéndose de su poder o influencia”.

Aunque el término caciquismo proviene del cacique, que fue el nombre con el que llamaban a los jefes de las tribus y núcleos de población rurales en América y el Caribe. Es decir, como la define la RAE, es la persona que influye en su comunidad. No obstante, aunque su origen parece ser que proviene del continente americano, en España el caciquismo también tuvo gran poder durante la Restauración Borbónica, finales del siglo XIX y siglo XX.

Hablando de caciques y caciquismo también me hace recordar una de las obras maestras en la literatura hispanoamericana y universal,  ‘Cien años de soledad’ del nobel colombiano que tristemente nos dejó la semana pasada, Gabriel García Márquez.   

El dominio de Macondo (pueblo ficticio de la citada novela) por Arcadio Buendía (personaje inventado por Gabo) es un ejemplo de cómo el voto puede ser comercializado, consiguiendo que la sociedad que formaba Macondo tuviera ciertos incentivos y beneficios, en éste caso en el ámbito rural, para que Arcadio, el cacique pudiera dirigir el voto según sus intereses.

Hablamos de finales del siglo XIX y principios del XX, y éste hecho, que ya fue criticado por los intelectuales de la época parece que solo tiene cabida en novelas de ficción o simplemente en la historia universal. Aunque tristemente, en España y particularmente en Andalucía, el caciquismo y los caciques están a la orden del día.

El escándalo de los fraudes millonarios en formación, sumado a los ERES, la prevaricación, el cohecho, el mal uso de las subvenciones europeas y tristemente un largo etcétera, no es otra forma de gobierno que el caciquismo puro y duro. La compra de votos, y sí, puede parecer una acusación abusiva, pero al fin y al cabo es así.

El cacique y su equipillo de caciques de turno, a través de sus políticas fraudulentas, y lo que es más preocupante e indignante, a través del dinero público, siguen comprando votos enmascarados en subvenciones millonarias como podrían ser los cursos de formación. Votos que son comprados con el dinero que proviene de los impuestos, que tanto nos cuesta pagar a todos los andaluces, para que unos pocos, capaces de controlar la intención de voto de muchos, se enriquezcan a pasos agigantados. 

El caciquismo del siglo XXI
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