Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla
¿Por qué cuándo el panorama de la enseñanza “parece” qué esté calmado, bueno cuando lo parece, resulta que sale el señor Ministro con un Real Decreto para “reformar” nuevamente el sistema educativo universitario? Y otra vez se pone el personal que echa humo. Es como si este señor Wert no tuviese otra cosa que hacer que ir amargando la vida a los estudiantes, que ya bastante la tienen entre exámenes, pagar tasas de matrícula cada año más altas, y si tienes que volver a hacer una segunda vez la misma asignatura, en el mejor de los casos es un pastón, mientras que en otros ni te lo planteas- dejas directamente la carrera.
Está acreditado que el ministro quiere dejar “un buen recuerdo” de él cuando se marche, que dudo tarde mucho en hacerlo, por la forma de actuar desde que ejerce como tal.
Primero cuando entró en vigor el Plan Bolonia, implantado desde 2007 se pretendía hacer reconocibles las titulaciones en toda Europa. Estableciendo mecanismos y criterios para facilitar la adopción de un sistema comparable de titulaciones universitarias, implantar unos objetivos comunes y el refuerzo de todo aquello que se necesita para hacer las universidades europeas más atractivas y competitivas internacionalmente.
Una de las premisas que se vendían muy bien, en aquel entonces, era que las aulas de las facultades no la ocuparían más de 20 alumnos por profesor, lo cual redundaría en que la atención y el tiempo dedicado al alumnado sería mayor y de más calidad. El estudiante elegiría su propio programa curricular, se harían trabajos prácticos que ayudarían a aplicar la teoría, en fin todo eran ventajas. Pero no serían tantas cuando distintos colectivos estudiantiles se echaron a la calle para evitar la implantación de este Espacio Europeo de Educación Superior.
Pero llegó la crisis, y claro, lo de pocos estudiantes por clase nada de nada… bueno sí, muchos tuvieron que dejar los estudios porque no se los podían pagar con otra de las reformas del señor Ministro. La LOMCE. 2013, que recortaba las becas universitarias dejando a numerosos estudiantes sin poder finalizar sus estudios, porque ya mucho antes sus padres se habían quedado sin trabajo ni esperanza de encontrarlo. Unos por mayores y otros por jóvenes. Y mientras tanto los perjudicados siempre los mismos, todos aquellos que quieren formarse y tener una capacidad crítica para cuestionar lo que, a otros, no les interesa que se les cuestione.
Y ahora aparece el señor ministro nuevamente, ya que debe de aburrirse una barbaridad, diciendo que cada comunidad haga lo que le parezca pero que la carrera -antes se hacía en cinco años- licenciatura- ahora se hace en cuatro -grado, y si se quiere en tres. Eso ya lo decidirán las universidades. Es como de risa. Resulta que antes teníamos que converger con la UE en temas educativos y ahora, ya da igual, pues no vamos a converger ni en las propias comunidades, al ser la universidad de cada provincia la que tenga criterio para decidir si se hace de tres o de cuatro años una carrera universitaria.
Por ejemplo, se puede hacer Derecho en tres años en la Universidad de Sevilla y de cuatro en la Complutense de Madrid. Y obviamente ¿Tendrá la misma formación el que haya invertido más tiempo, o el que haya invertido menos en formarse? El empresario contratará -bueno si lo hace, que esa es otra -toda la vida becado-. Pues eso ¿A quién creen que contratarán? Porque según Wert, no es obligatorio hacer máster para ejercer esa carrera de tres años.
Siempre queriendo acercarnos a la UE, y en cambio no nos acercamos ni a nosotros mismos. Para Wert ahora saldrá la carrera más barata. El argumento del ahorro en las familias siempre tan válido para algunos. Parece que para este ministro es un milagro la nueva idea. De repente va a ayudar a que los hijos de familias en paro o necesitadas puedan estudiar.
Pienso que un país no puede ahorrar en enseñanza porque es la mejor inversión, a largo plazo, para el mismo. Un estado tendría que procurar proporcionar una educación sin ataduras políticas para que los ciudadanos y ciudadanas se puedan sentir libres de pensamiento, sin manipulación y con razonamientos. Que es la mejor de las formas en que se puede reformar. Pues “La educación es agitar la vida y que ésta se desarrolle por sí sola”.
