Ana Sáez Ramírez
Toda persona en el transcurso de su vida va cambiando, tanto en la forma de pensar y hablar, como también en su comportamiento; de hecho nuestra vida está sometida a cambios. Y como todo es energía, todo cambio en la estructura energética, por muy pequeño que sea, es registrado en la contabilidad cósmica de forma precisa, bien como «debe» o bien como «haber». Toda persona y toda alma penden por así decirlo de una cuerda magnética, una especie de gotero invisible que lo registra todo sobre nosotros. A la contabilidad cósmica, la contabilidad de Dios, no se le escapa ni lo más mínimo. Así los astros del cosmos material son los encargados de dibujar, actualizar y transformar las energías, en base al comportamiento de cada uno de los seres humanos.
En ambos cosmos, tanto en el cosmos material como en el cosmos inmaterial, se registran todas las formas de comportamiento de los seres humanos, y se graban los errores de cada uno, pero también el camino de cada persona se actualiza y se cambia en el sentido energético, según sea el comportamiento de cada uno. La imagen completa del ser humano y del alma, es decir, todos los detalles, se graban en base al principio absolutamente justo llamado «emitir y recibir». Y eso sucede a cada instante, porque el que registra es, como hemos dicho, justo. A estas fuentes de grabación, además de por otros nombres, se les llama también la contabilidad de los cosmos o la contabilidad de Dios.
