Dioscórides Desvariado
Juan Antonio Palacios Escobar
A diferencia del médico y botánico griego , autor de un libro que se convirtió en el principal manual de farmacopea desde la Edad Media, nuestro Dioscórides no había rellenado ni una sola quiniela , ni escrito una carta , ni mucho menos construir un poema o un relato, pero era un ejemplo de desvíos y desvaríos , de ahí su apellido.
Reconocía públicamente que le costaba encontrar la brújula en un mundo en el que se desconectaban a los niños como observé a uno con algo menos de dos años hace pocos días en un restaurante, que comiendo con el resto de la familia lo tenían enganchado a una tableta en la que nuestro pequeño ciudadano se desenvolvía con gran maestría y sobre todo no daba la tabarra al resto de la familia.
Desvariado no lograba entender por mucho que se lo explicaran como en mundo que se pregona como el de la igualdad de oportunidades, aunque en la práctica real sea el más desigual, y en el que como en nuestro país alrededor de 900.000 personas trabajan una hora a la semana o el 25% de la población posee el 99% de la riqueza, o más de un 40 % de españoles no podrán salir una sola semana de vacaciones este año.
DD entre desorientado e indignado, entre armonías y desequilibrios, no conseguía descifrar el por qué nadie se responsabilizaba de nada cuando era destituido o expulsado y nadie conseguía aprender cómo se conjugaba el verbo dimitir. De tal guisa que cuando surgía un problema el deporte nacional no era el fútbol sino el tenis y pasarle con la raqueta la pelota al otro.
Entre lo estremecedor y lo fascinante, lo sereno y lo explosivo, estaba dispuesto siempre a recuperar sus ilusiones. Debía ser valiente, pero lo importante era escoger el momento adecuado, para a caballo de aciertos y errores, crecer, evolucionar y vivir dignamente.
Constataba que era capaz de superar penas y tribulaciones y le llegaban felicitaciones y afectos. Parecía haber despertado en una nueva etapa con una gran fuerza y vitalidad. Era más fuerte de lo que creía y no podía ser presa de la desilusión.
Estaba dispuesto a concluir su trabajo de la mejor manera, sin prepotencia ni victimismo. Olvidar y pasar página no era fácil pero era lo mejor en aquel momento. Tenía la información que necesitaba y las personas que podían ayudarle.
Debería hacer algo a partir de ahora para liberarse de las presiones internas y externas. La magia había llegado a su vida y tenía que abrirse a lo inesperado. Poseía una fantasía desmesurada lo que en ocasiones le hacía perder credibilidad. Esa exageración verbal le hacía parecer lo que no era, un trolero.
Dioscórides estaba aprendiendo a mirar de frente y resultar divertido, en lugar de lo farragoso y aburrido que parecía en sus salidas de tonos que eran su pauta normal de comportamiento, era una transformación que le hacía sentirse mucho mejor y le estaba convirtiendo en un fervoroso amante de la vida.
Ahora los amaneceres eran como una fiebre de flores de todos los colores, una explosión de sonidos de todas las sinfonías de la historia, la inundación de olores y sabores de los más agradables y exóticos .No había olvidado que por muy nublado que pareciese el día, siempre sale el sol.
Había señales que le indicaban que su vida estaba cambiando y que entre ser niño y llegar a viejos, nuestro tiempo pasa y aprendemos y desaprendemos.