25 de junio de 2013, 13:40
José María Ortega
Siempre el verano
fue el periodo propicio
para el descanso.
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Pues el calor,
cuando se une al esfuerzo,
crea sopor
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Pero el descanso
sólo tiene sentido
tras el trabajo
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El desempleo
nos obliga a plantear
nuevo modelo
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En vez de ocioso
el 'descanso' del paro
resulta odioso.
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Las vacaciones,
para quien está en paro,
crean frustraciones.
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Cabe esperar
apoyo solidario
de los demás.
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Y aquí EL TRIDENTE
suspende sus punzadas.
¡ Hasta septiembre!.
