Derechos al campo

Sara Montoya, teleprensa.es Sevilla

Soy consciente de que un artículo más no va a cambiar nada mientras parece menguar notablemente el poder del periodismo y el de los ciudadanos. El periodismo y la ciudadanía son como un mismo partido político que sufre una enorme pérdida y escisión entre sí. El periodismo es la parte chaquetera de un partido que no llega a ninguna parte.

En este sentido me refiero a que toda injusticia clamada por los medios y la sociedad, es mero entretenimiento para empresas que aprovechan su situación y la situación de  productos que hoy día son indispensables en cualquier casa, como es la luz y el agua.

El otro partido, ya más definido, son las empresas y el gobierno. Y la excusa o a lo único que se aferran es a la globalización para atracar a mano armada a los únicos inocentes del sistema, pero en la ley está la trampa…

Los ciudadanos no utilizan esta trampa para reivindicar unos mínimos, pese a ser internet la herramienta perfecta y la instigadora de esta globalización, y la trampa de la misma regla…

Es deprimente que desarrollo signifique tecnología y no que una persona pueda pagar su casa, es deprimente que existan móviles de cuarta generación y gente que en un país democrático pasa hambre…

Mínimos como son trabajo, comida y techo, respaldados por la constitución no son asegurados ni por desgracia asegurables. Antes tal vez, podíamos consolarnos en tener la mejor Sanidad del mundo, también que nuestros hijos tenían colegios y ayudas para poder ser alguien de provecho en un futuro que pinta peor que el nuestro.

¿Pero quién cuenta con el valor suficiente de reivindicar esto si no se cumplen los mínimos constitucionales? ¿Quien ve lógica cualquier otra propuesta mientras se recorta en Sanidad y Educación, mientras perdemos nuestro Estado de Bienestar, mientras pasamos hambre y nos damos cuenta que cualquier lucha en tiempos anteriores fue en vano?

Siguen mandando los de siempre escudados en violentas acciones que destruyen nuestra calidad de vida respaldados, encima, por nuestros votos. Ninguno vale más que el otro repetimos, todos son iguales. Nadie tiene ganas de reivindicar nada, porque nos tenemos que preocupar de sobrevivir y no tenemos tiempo si quiera para pensar o darnos cuenta del abuso que estamos sufriendo.

Los periodistas tenemos que preocuparnos de recuperar nuestro cuarto poder, que era el que podía imponer algo de justicia. Los ciudadanos de confiar en los medios y sus representantes, y los gobernantes de acordarse de cuando eran ciudadanos.

Debemos fusionar el partido social- periodístico de nuevo para controlar a gobiernos y empresas y así volver a confiar en nosotros mismos y recuperar las ganas de luchar por nuestros derechos.

Es como una madre que no se acuerda de cuando fue hija, y un hijo que se acuerda de su madre cuando le toca ser padre siendo ya demasiado tarde para darle la razón.