Delgino Desorientado

Juan Antonio Palacios Escobar

Aunque a sus 72 años tenía la cabeza muy bien amueblada, había ocasiones en las que sufría olvidos. No era consecuencia de su edad, se sentía muy bien de salud ni tampoco estaba a las puertas de una demencia mental, siempre había sido algo despistado, lo que le había provocado más de un disgusto.

Sentía un bloqueo temporal de su creatividad, pero sabía que duraría poco y que pronto estaría al máximo nivel y daría los mejores resultados. Estaba seguro que podía dar lo mejor de sí y en la mejor de las situaciones. Por arte de magia sabia alejarse de las malas influencias  y ser fuerte y decidido.

DD tenía la sabiduría natural que dan los años y había aprendido a sonreír y reírse de sí mismo, entre otras cosas  de sus despistajes, que le hacía parecer fuera de sus cabales aunque todos sabían de su privilegiada inteligencia.

Había hecho de su desorientación y despiste en lugar de una dificultad y un hándicap, una virtud, ya que no estaba todo el día pendiente de la vida de los demás, sino que era capaz  de estar en todo lo que le importaba y en nada de lo que le traía sin cuidado.

Delgino tenía muchas veces fama de “sabio chiflado”, de uno de esos inventores que parecen estar todo el tiempo realizando un vuelo interestelar fuera de la realidad. Dicen algunos estudios que aquellas personas que se distraen con más facilidad suelen tener, un mayor volumen de materia gris en el lóbulo parietal superior, mientras que hay quienes sostienen que la capacidad de esta región es peor cuando su tamaño sea mayor.

No soy de los que profesan dogmas ni divinizan estudios hechos en un determinado momento y circunstancias, por lo que hay ser cautos y prudentes y antes de establecer una hipótesis contrastarla empíricamente en muchas ocasiones, sino estaremos haciendo falsas afirmaciones y un flaco favor a la ciencia.

Desorientado no se esforzaba demasiado en cosas que no le apetecía hacer, pero sabía sacar todo su potencial profesional, dar lo mejor de sí mismo y no dejar nada aparcado para el siguiente día. Casi siempre descubría cual era la mejor clave para hacer las cosas.

No era ajeno a que tener empatía con la gente resultaba esencial para comprender el mundo, y en ese proceso es posible que alguien nos sorprenda, pero hemos de ser tan inteligentes como para respetar su camino., ya que quienes tienen la tentación de culpabilizar a todo el mundo deben mirarse al espejo para ver en que están fallando.

Lo que Delgino descubría todos los días es que los retos que llegaban a su vida, le iban modificando su perspectiva y no podía permitir que la alegría se marchara de su lado ni un solo día., porque era consciente que aunque a veces se gana y otra se pierde, siempre se aprende.

Estaba dispuesto a reformar su vida tanto por fuera como por dentro, viviendo con valentía y con todas las consecuencias, con calma y tranquilidad, ocultando los secretos que no se atrevía a compartir con nadie, dando la impresión de que todo se acababa aunque no hubiera empezado.

Pasaba de chismes y habladurías  y sabía que no era bueno tomar como aliado su propio orgullo y dejarse llevar por la testarudez. En la búsqueda  incesante de lo nuevo, se había convertido en un coleccionista de tesoros, en un buscador de palabras inexistentes en el mundo de lo indecible.

Lejos de perturbaciones y aturdimientos, había aprendido a administrarse y dosificarse la información para no perecer  infoxicado.