Juan Antonio Palacios Escobar
Un segundo cambia el curso de la historia. Así en nuestra sociedad hay cosas que tardan en suceder una eternidad y otras que pasan con la rapidez de un instante en el que no nos ha dado tiempo para pensar y reflexionar, o lo que es lo mismo y en lenguaje común, de repente.
Es frecuente hacerse rico de un momento para otro, cambiar de criterio súbitamente o morirse de forma inesperada. La vida es así y no le demos más vueltas. Hay cosas que no controlamos por mucho que nos empeñemos en llevarlo todo programado.
Nos sorprende, a veces desde nuestra ingenuidad que haya razones que escondan negocios y mangoneos que se barnizan de filantropía .Sin juzgar ni cuestionar ante la más mínima intuición hemos de mantener el equilibrio y ser conscientes que un día que amanece bueno puede torcerse en cualquier instante.
Soñamos que vamos a tener una jornada de provecho e inolvidable, sintiéndonos pleno por dentro y por fuera y dispuestos a disfrutar el regalo que es vivir. Sin embargo el despertar nos enfrenta a una realidad con todos los problemas del mundo.
Si queremos darle sal y pimienta a nuestras vidas, hemos de admitir que podemos ser cuestionados en cualquier momento y que necesitamos salir de la rutina y vivir algo que implique cierta aventura para procurar ni limitarnos y salir del atolladero.
Hemos de procurar vivir nuestra propia piel , sin prisas ni carreras , sin telones ni calzones, echándole unas gotitas de magia y otras de sorpresa, Siempre debemos estimular la necesidad de que tenemos algo que aprender , por muy extravagante e increíble que sea lo que se presenta ante nuestros ojos o lo que podamos oír.
Sabemos que los nervios y las exigencias no son buenos consejeros, y que más temprano que tarde nos pasan facturas y nos provocan indefensión y desamparo. La exclusividad de los grandes placeres, vamos descubriendo con la edad que está en la mayoría de las ocasiones en las pequeñas cosas y momentos.
A veces nos encontramos en una especie de “jamáis vu” en cuanto al reconocimiento de las personas con la que estamos tratando a diario. Se diría que se ha producido una especie de desconexión entre nuestra vista y nuestro cerebro, como si padeciéramos prosopagnosia.
Sin embargo, de repente, nos damos cuenta que ha sido un mal transitorio o tal vez, la intención de querer escapar de la realidad y sus gentes y comenzar a vivir una nueva vida o el deseo de inventarnos una fantasía que convertimos en el guión de nuestra actuación cotidiana.
En esa necesidad de escapar , imaginamos como seria nuestra existencia a cuarenta años luz de la Tierra en esos exoplanetas recientemente descubiertos y que forman parte de un nuevo sistema solar que giran en torno a la estrella Trappist-1 , en la que se supone que en tres de ellos pudiera existir algún tipo de vida.
Mientras continuaremos levantándonos cada mañana con la esperanza que esta crisis que nos anunciaron que íbamos a superar termine algún día y no vivamos peor y mantengamos la incertidumbre que la cosa puede empeorar.
Sin embargo, los poderes más crueles que desde la sombra manejan el mundo, no pueden impedirnos soñar por muchas cosas que nos quiten y muchos recortes que dicten.
