jueves. 04.06.2026

Cuando hacíamos de España un país más decente

Marcial Vázquez

¿Qué es más importante en la vida: el amor o la política? Muchos, la mayoría, me dirán que el amor, pero el problema llega cuando la política dicta cuáles son los sentimientos legales y cuáles no.  Es totalmente falso que nadie pueda vivir de espaldas a la política sin sufrir sus consecuencias. La política es aquello que te hace que puedas ser más o menos feliz porque es lo que configura la sociedad y el país en el que naces o llegas a vivir. No es lo mismo nacer en Alemania que nacer en Venezuela o en Cuba. Y la diferencia la marcan las políticas que han ido desarrollándose en la historia de dichos países.

Hasta hace pocas décadas en España faltaban muchas cosas, empezando por lo más importante: la libertad. Desde la muerte del dictador fascista, los españoles hemos cambiado de una manera tan contundente que la España del 2000 no tenía nada que ver con la de 1975. Ahora, es verdad, vamos en el camino contrario: estamos en el 2014 y cada vez nos acercamos más al 75.

En España, poco a poco, la evolución política y natural fueron configurando un estado donde su sociedad ha ido asumiendo los valores de respeto, tolerancia y democracia que solamente se aprenden cuando se logra vivir en libertad. No ha sido una terea fácil porque el sustrato social del franquismo, de alguna manera, se ha resistido a morir en amplias capas sociales de nuestro país, impidiendo que antes de alcanzar una cultura democrática los españoles pudiésemos madurar una cultura cívica apropiada. Sin la adopción del respeto y la tolerancia social se hace más difícil aceptar otros valores intrínsecos de la democracia y del lógico devenir histórico.

Uno de estos déficit que teníamos los españoles, incluso después de varios años de democracia, era la tolerancia a la libertad sexual de cada persona. España era un país homófobo porque vivimos durante 40 años en un país secuestrado por el estamento militar y se tardó mucho en reivindicar desde la izquierda, políticamente y de manera valiente, el derecho de cada español a ser feliz con quien quisiera serlo. Ya sabemos que para la iglesia es mejor ser un adúltero putero que un homosexual cristiano, porque las sotanas del odio solo respetarán a un gay o a una lesbiana si no ejercen como tales, es decir, si renuncian a sí mismos.

Ayer Zapatero recibió el premio “pluma” de las manos de la FELGTB, algo esperanzador ya que otros colectivos gays no tienen muchos reparos en premiar al PP de manera repetida y sin arrepentir, en un acto de autofagia que les llevará al auto exterminio ético, estético y moral. No se puede estar, ni premiar, a un partido que odia a los homosexuales. 

Es cierto que con esta ley que aprobó Zapatero, España se convirtió en un referente mundial de derechos del colectivo gay. Algo ha cambiado: ahora ya no somos referente de nada, y si lo somos de algo es de cómo mientras regalamos 40 mil millones a los bancos, dejamos al 20% de niños en la lacra de la desnutrición infantil. Es más, De Guindos le acaba de dar OTROS 40 MIL MILLONES DE EUROS a los bancos gracias a un decreto ley de los “activos fiscales” avalados por el estado.

Por esto mismo, cuando algunos intentan meter en el mismo lugar a PP y PSOE, es el momento de recordar nuestros aciertos porque ya otros recuerdan y manipulan nuestros errores que, por supuesto, los tuvimos. "Sabía que era un momento histórico y que a partir de ese momento España iba a ser un país más decente, frente a los que siempre pensaron que esto era una indecencia", así lo resumió el ex presidente anoche entre grandes aplausos. Y es así, José Luis: esos mismos que siguen pensando que es indecente el amor entre dos hombres o dos mujeres, son aquellos que le entregan a los bancos el futuro de todos nuestros hijos porque lo que son los suyos no tendrán problemas ni de becas, ni de créditos. Solo cuando gobiernan políticos decentes se puede lograr vivir en un país decente. 

Cuando hacíamos de España un país más decente
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