Cobardes y miserables

Juan Antonio Palacios Escobar

Vivimos en un mundo globalizado en el que cualquier  manifestación en la red, puede ser contemplada, analizada y criticada  a nivel planetario por quienes tengan acceso a la misma. Y los que,  como él que  estas líneas escribe y creemos de verdad en la libertad de expresión no solo nos parece fenomenal sino que lo defendemos como una aspiración que se ha hecho realidad.


          Expresar nuestra opinión queridos lectores de TELEPRENSA.ES dejar claro cual es nuestro punto de vista desde cualquier lugar del mundo con nuestro nombre y nuestros dos apellidos, me parece un acto de compromiso y valentía, al que hay que invitar a todos y a todas a sumarse para poder construir una sociedad más libre y justa.


                  Lo que hemos de colocar límites es a la cobardía y la miseria. Poner fin a la barra libre, a la confusión entre libertad de expresión y basura, puros desahogos de gente que no tiene  nada que contar, salvo manifestaciones injuriosas desde el anonimato.


        Toda persona consciente de la importancia de la comunicación y con visión de futuro, ha de defender  que el  uso de  la redes sociales, de los blogs, de las páginas webs y demás instrumentos que nos ofrecen las nuevas tecnologías  es en si mismo  constructiva  y que hemos de respetar desde el respeto a los derechos humanos y la dignidad personal la libertad de expresión, pero siempre que coloquemos nuestra identidad tras lo que informamos u opinamos.


    Convencer  con argumentos es deseable, saludable  y legitimo democráticamente  , engañar con rumores, expandir falsedades e intoxicar con suposiciones es un ejercicio de suciedad y  mezquindad  que solo colabora a hacer de nuestra sociedad un gran vertedero y de ejercicio de la política una tesis sobre la basura.


    Lo que es malo puede ser aun peor y así nos lo demuestra la Ley de Murphy, pero hay dolores de cabeza que no necesitamos y muros que hemos de derribar en nuestro caminar por la vida, y al margen de premoniciones, visiones y corazonadas, hemos de estar siempre preparados para perder porque ganar es relativamente fácil.


    Entre la impaciencia y el nerviosismo, no debemos tener la tentación de querer reinventar cada momento que no nos gusta, sino acabaremos por dejar de ser nosotros mismos y no ser capaces de admitir la realidad tal y como nos toca afrontarla en cada momento.


    Lejos de la cobardía y la miseria, deberíamos recordar que con una pócima no podemos resolver todos los problemas, que lo mal empieza suele acabar en catástrofe, que no nos debe sorprender que haya caraduras que repiten lo que otros dicen como si fueran ideas propias.


    Todo el mundo con su trabajo y esfuerzo tiene derecho a brillar y sobresalir, a que se le reconozcan sus méritos, a dejar atrás dudas y temores  para poder avanzar y que los buenos logros no se les escapen de las manos, pero desde una postura ética hemos de mantener nuestro firme propósito de decir que NO y parar el ABUSO.


            En los últimos estudios sociológicos se pone de manifiesto que el 5% de la población padece el mal de la avaricia, que para conseguir sus objetivos les importa un bledo todo el resto de la humanidad y en ese camino el que está afectado de dicho síndrome convierte su vida en una especie de montaña rusa en la que intenta desbaratar todo lo positivo que otros construyan, olvidando lo que decía Constancio Vigil que “solo hay una avaricia honrosa: la de las palabras”
        Juan Antonio Palacios Escobar