Cataluña dividida, oportunidad perdida

Jerónimo Medina

La actualidad reporta continuas informaciones a propósito de la famosa “Consulta del 9-N”, en la que los partidos nacionalistas y los independentistas catalanes habían fundamentado un frente pro consulta, en una deriva tremendista que a casi nadie beneficia.

Cumpliendo con el guión previsto, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, aprobó con la mayoría del Parlament la Ley de Consultas para Cataluña y convocó el referéndum soberanista, a renglón seguido el Gobierno de España que encabeza Mariano Rajoy aprobaba en el Consejo de Ministros un recurso de inconstitucionalidad y el máximo Tribunal paralizaba el curso legal del Govern catalán para preguntar a los catalanes sobre su futuro en materia de territorialidad. 

Tras una sucesión de dimes y diretes, amenazas de desobediencia y victimización de por medio, ayer mismo el líder de CIU salía para defender la participación ciudadana y seguir adelante en un tipo de encuesta pública de la que no dio detalles significativos pero, parece ser que estaría dentro del marco legal vigente. De ahí saldría una avanzadilla para convertir, el previsible apoyo de la ciudadanía, en unas elecciones plebiscitarias el motivo de la próxima convocatoria de Elecciones Autonómicas.

A mi modo de ver es un error tras otro, no creo que deban sentarse a dialogar en ningún caso ni Rajoy ni Mas porque han demostrado no estar a la altura de las circunstancias, es un gasto en desplazamientos absurdo. Es un problema de incompetencia, de ansias políticas y cálculo electoral para mantener el poder y para tapar agujeros de mala gestión por parte de ambos gobernantes en sus respectivos cargos e incluso, para desviar la atención de la población ante escándalos judiciales, el estancamiento de la crisis y sus constantes medidas de recortes, falta de inversión y crecimiento impositivo que se han aplicado infructuosa pero perniciosamente sobre la gente.

Se ha elevado a categoría lo que tan sólo era una anécdota, sobredimensionar una cuestión relativa como es la diversidad y el sentimiento nacionalista conlleva un problema identitario, insuflado de proclamas guerracivilistas sobre el adversario, el opresor y la falta de libertades. En estas cosas conviene tener muy claro los conceptos y no dejarse llevar por las emociones, aunque sé que es difícil porque nuestro carácter latino, mediterráneo, nos hace calentarnos y levantarnos de la silla para gritar y hasta abofetear al compañero de al lado si se atreve a llevarnos la contraria, tenga o no razón.

Lo cierto es que se ha utilizado mucho el símil de la pareja para intentar ilustrar gráficamente la cuestión soberanista de Cataluña, arguyendo que dos no pueden seguir juntos si uno quiere separarse. Es una simplificación maniquea, pero que busca pretendidamente la reacción popular en relación al componente sentimental implícito. Esta dicotomía no debiera ser considerada válida por cuanto intenta acotar multitud de factores, intereses y argumentos en una dicotomía que, ni en su base primigenia del ejemplo mostrado, resulta una realidad sencilla de explicar y lo es aún más compleja, cuando se usa para abordar una cuestión de pertenencia a una Nación. 

La política es una concepción normativa, un sistema para gestionar administrativamente los asuntos públicos y se organiza con una estructura ideológica, legal y económica que debe ofrecer recursos y soluciones a la ciudadanía para la que se forman gobiernos democráticos. Pero también es la política una víctima de la conciencia humana, con sus veleidades, ambiciones, … Y nos encontramos advenedizos que buscan el enriquecimiento, empoderándose y lanzando soflamas populistas y con la retórica como justificación para excusar ineptitudes y oscuros deseos. No caigamos en la trampa de seguirles el juego, no debemos ser marionetas tiradas por el hilo y tampoco ser borregos e ir la gente donde va Vicente. 

La sociedad, en particular la catalana, tiene numerosas preocupaciones en su vida diaria, necesidades y circunstancias que afectan a su desarrollo, sin olvidar los valores de tradición, idioma o símbolos que su cultura atesora por años de historia común. Pero se desaprovecha una posibilidad única de liderar el futuro de esta generación, se pierde la oportunidad de una amplitud de miras que podría catapultar una rica región geográfica como motor económico y por ende, de avance y prosperidad del pueblo catalán. Existe una alternativa responsable de unión monetaria, mejora de la fiscalidad, aumento de los recursos disponibles y dinamización productiva de su buen entramado industrial para abrir nuevos mercados en común y favorecer las exportaciones. En lugar de tener un objetivo de vanguardia, apostando por expandir el talento y el esfuerzo en beneficio de todos, usar los recursos energéticos y naturales para generar riqueza de la mano de tus vecinos y consumidores más cercanos, valorar el extraordinario momento que se vive de impulso tecnológico para sacar lo mejor de sí mismos o defender los valores propios como un mérito distintivo que atraiga al turismo y sea un valor diferencial dentro de un concepto inteligente de progreso y fortaleza que nos haga más competitivos en un mundo donde el Mercado laboral, económico, comercial, etc., cada vez entiende menos de fronteras y sí de una globalización de intereses compartidos, liberalización de la capacidad personal para aspirar al bienestar pero siempre, sumando y multiplicando voluntades y no como ahora, dividiendo y perdiendo oportunidades. 

Es un cuento chino, el que nos habla de la rivalidad del Estado, de injusticias legales y cosas por el estilo para acometer un discurso de catalanismo acomplejado que se quiere hacer pequeño para ser grandes. No hay mayor cinismo que usar la bandera para tapar la inutilidad de hacer una política a favor de los ciudadanos errada, que no puede defender sus acciones de gobierno por nefastas y ante el temor a perder el sillón pretende cambiar todo para que nada cambie y seguir repartiéndose las prebendas, comisiones millonarias y colocar a los mismos en los privilegiados puestos de la Administración que en lugar de dar ejemplo, es ejemplo de lo que no ha lugar.

No nos vengan con que es el deseo de la mayoría, el clamor popular y una necesidad acuciante, cuando han promovido sistemáticamente una serie de pasos encaminados a crear un estado de excepcionalidad de tal magnitud que es imposible ya discernir lo importante de lo banal, el extremismo es nefasto por ambos lados. 

Yo siempre pongo el ejemplo de la Reforma de los Estatutos que se llevó a cabo hace unos años, en Andalucía donde yo vivía cuando se modificó el de dicha Comunidad Autónoma fue más un empeño político de la Junta y sus responsables políticos que una petición de la sociedad que como decía, siempre tiene otras preocupaciones prioritarias que se acaban olvidando por los gobernantes en pos de sus miras y estrategias partidistas. Lo cierto es que hubo muy poca conexión con la gente, ni a nivel de participación con propuestas y mucho menos a la hora de contabilizar el referéndum, que en algunas provincias no logró ni un 40% de votantes sobre el censo electoral. Esto demuestra que las personas no viven pensando en independencias o patriotismo sino en salir adelante y tener una educación, sanidad, trabajo de calidad y si es posible, ser un poco felices. 

La convivencia es una aptitud de entendimiento que se ha de cuidar cada día, resaltando lo mejor de cada uno y poniendo en valor las ventajas de llevarse bien y actuar en una misma dirección. La división, el enfrentamiento y la ruptura nunca se puede considerar como el primer paso para construir algo, sino que es una descomposición final.