Caminar del pueblo andaluz
José Salguero Duarte
Cuando las imágenes se encuentran ya en sus respectivos templos, recuperándose de tanto ajetreo de estos pasados días. Los ecos de los tambores y de las cornetas se alejan de la comarca, como los truenos de una tormenta de verano.
Siendo evidente, que no ha sido acogida por los cofrades la lluvia caída jubilosamente, porque las inclemencias meteorológicas aguaron las procesiones a muchas cofradías. Debiendo ser muy desalentador estar preparando el desfile procesional de un año para el otro, y llegado el momento no poder llevarlo a cabo. Pero, sin embargo, los labradores recibieron a la lluvia como una bendición divina, ya que sus cosechas agonizan.
Antes de proseguir, quiero dejar claro, que no tengo intención de herir sensibilidad alguna, pero como en España según la Constitución se disfruta de libertad ideológica, religiosa y de culto, cada cual vive la Semana Santa según cree y siente. Teniendo claro lo que persigue el poderoso Estado del Vaticano. Y lo que se percibe de una determinada imagen religiosa. Por lo tanto, la Semana Santa la disfruto a través de la cultura y de las artes. Embriagándome con unos matices y sentimientos difíciles de describir, que capto de las raíces y tradiciones más profundas del pueblo.
Por consiguiente, para nada comulgo con determinados capillitas, ni con cierta sociedad de cualquier signo, pero menos aún con determinados políticos, los que durante la Semana Santa caminan solemnemente en las procesiones a Dios rogando con el bastón de mando del cargo que ostentan.
Pero, por el contrario, admiro y muero con ese Jesucristo que a nadie temía cuando expulsó del templo a los mercaderes. Me identifico con ese Jesucristo que da de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos. Y soy cómplice de ese Jesucristo rebelde, que entregó su vida por los demás sin nada a cambio.
Por lo tanto, estimada lectora, esa Virgen a la que adoro puede ser usted, su madre o la mía. Las que trabajaron y trabajan de sol a sol por unos míseros sueldos. Teniendo que hacer diariamente el milagro de multiplicar la poca comida que poseían o poseen, para alimentar a sus hijos e incluso socorrer a otros necesitados.
Y el Jesucristo que tengo por modelo lo puede ser usted, estimado lector, si es que reúne las condiciones para que lo suba a los altares, debiéndolo tener que demostrar en todo momento, pero muy especialmente, cuando vengan mal dadas y se tenga que alinear con el poder o quedarse junto a los más débiles.
Por ello, para que lo admita en mi edén, donde sólo tienen cabida la luz, la libertad, la paz, la armonía e igualdad. Debe realizar una lucha pacífica constante a través de la palabra, contra los opresores del pueblo trabajador. Llevando a la practica mi oración favorita que dice: “Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar. Valor para cambiar aquellas que puedo. Y sabiduría para reconocer la diferencia”.
Porque en Andalucía proseguimos sufriendo un terrible calvario social, cultural y económico, etc. Y caminamos atados por el retrógrado sistema político imperante, por culpa de la mala gestión pública de ciertos presuntos nefastos gobernantes, desde mucho antes del inicio de este periodo constitucional y autonómico.