Francisco Mancera
Vivimos tiempos de desapego a las instituciones; sindicatos, partidos políticos, jueces, administraciones públicas, policía, monarquía, iglesia… si alguna institución se escapa de la quema es el ejército (durante tanto tiempo denostado) y los deportistas, capitaneados por Nadal, Alonso y los Gasoles… y como no, los sempiternos futbolistas (pese a que Villar esté convirtiendo nuestro fútbol en su pocilga particular). En resumen, si viviéramos en nuestro convulso siglo XVIII ya no seríamos una democracia.
El cambio siempre ha sido un concepto fetiche en política reciente española, le sirvió a Felipe González para alzarse con el poder en 1982 (Por el cambio). Y ahora, en estos tiempos de crisis, todos los partidos políticos outsiders aspiran a capitalizarlo.
Si en algo coinciden la hornada de nuevos partidos es en el análisis de la situación política española; donde dos partidos primarios, como sus colores azul y rojo, se alternan en los tres poderes: jurídico, legislativo y ejecutivo. Este duopolio se extiende a los gobiernos regionales y locales, salvo las excepciones protagonizadas por los partidos nacionalistas en Euskadi, Catalunya, Galicia y en menor medida Canarias y Aragón.
¿Es esta situación nueva en España? No, por desgracia no. Pero mejor cedo la palabra a uno de los mejores novelistas y además buen político español:
"Los dos partidos que se han concordado para turnar pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado les mueve, no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza pobrísima y analfabeta. “
Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que de fijo ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos..."
Benito Pérez Galdós, Cánovas (novela 46 y última de sus Episodios Nacionales), Madrid, 1912.
Galdós nos habla del acuerdo de alternancia en el poder del partido conservador de Cánovas y el partido fusionista de Sagasta, durante el periodo de 1874 a 1897.... Nihil novum sub sole.
En este tiempo que nos ha tocado vivir los colores políticos secundarios intentar asaltar el poder de los colores primarios: así el morado de Podemos pretende ocupar el rojo del PSOE y el naranja de Ciudadanos el azul del PP. Las inminentes elecciones locales y autonómicas y las posteriores nacionales nos darán el resultado del envite, veremos si el cielo se toma por asalto o fracasa el intento.
Los cambios empiezan siéndolo pero suelen acabar en recambio.
Así, un escenario más factible y verosímil para este año electoral es que los colores secundarios acaben devorando a los” viejos” colores secundarios, sus “hermanos ideológicos”: el morado de Podemos al verde-amarillo-rojo-gris de IU (la verdad es que los colores de IU son de lo más cambiantes) y el naranja de Ciudadanos al magenta de UPyD.
Las urnas hablarán y sabremos si sus resultados podrán inspirar a alguna banda rock nacional, como inspiró la caída del muro de Berlín a la banda alemana Scorpions su Wind of Change (1990). Una canción que sea la banda sonora del cambio, un cambio que poder escenificar tocándola en la Puerta de Alcalá, como Scorpions hiciera el 11 de Noviembre de 1999 en la Puerta de Branderburgo. O podrán inspirar a algún escritor nacional, como inspiró el desembarco de Garibaldi en Sicilia en 1860 (lo que supuso la reunificación italiana) al escritor Giuseppe Tomasí de Lampedusa su novela Gatopardo (Il Gattopardo, 1957) donde refleja con distancia y melancolía el fin de una época, donde la aristocracia es sustituida por los burócratas y la burguesía. El príncipe Don Fabrio Corbera desaprueba que su sobrino apoye a los camisas rojas de Garibaldi hasta que comprueba que adaptarse a los tiempos es la única forma de sobrevivir. Visconti filmó en 1963 su película del mismo título, recuerdo perfectamente como Burt Lancaster (encarnando a Don Fabricio) cierra la película con:
"Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie"
(en italiano: "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi").
by PacoMan
