Bueno, bonito y seguro

Amancio Landín, International Trading

Al comenzar el verano empiezan las rebajas y todos vamos en busca de gangas. Cuando andamos a la caza de una ganga buscamos que sea “bueno, bonito y barato”, pero cuando se trata de comprar o vender en mercados internacionales mi recomendación sería que sea “bueno, bonito y seguro”, si además es barato, hemos triunfado.

En las compras, o lo que es lo mismo importar productos comprados en terceros países, es cuando más tenemos que afinar el olfato de cara a detectar posibles riesgos. Los riesgos son inherentes al comercio internacional, es como el calor al sudor… causa y efecto.

Es muy fácil buscar a través de internet y encontrar un “market place” de cualquier mercado internacional y tener precios muy baratos. Eso sí, la inmensa mayoría de las veces nos están cotizando un precio en origen, es decir, allí. Bueno pues es aquí donde precisamente nacen los problemas... que el producto está allí y tú estás aquí, que os separan miles de kilómetros y miles de diferencias culturales (cultura negociadora, que entendemos por calidad y un larguísimo etcétera) con quien te lo vende.

No es nada infrecuente escuchar que algún empresario ha realizado una compra en un país y cuando ha recibido la mercancía no era lo que esperaba, o lo que es mucho peor que lo han estafado directamente y ha recibido un contenedor lleno de arena, por ejemplo.

Los mercados internacionales son sumamente atractivos para la compra de materias primas, productos semimanufacturados o terminados, pero la mera operativa logística y los trámites que hay que realizar para poder tener la mercancía en casa, van acompañados de riesgos y todos esos riesgos pueden convertir el “bueno, bonito y barato” en una frustración en el mejor de los casos o un serio coste económico para la empresa en el peor.

En el caso de la exportación, es decir, cuando queremos hacer llegar nuestros productos a un nuevo cliente en un nuevo mercado también debemos enfocarlo como “bueno, bonito y seguro”. No suele proyectar muy buena imagen de nuestra empresa que la mercancía no llegue, no se pueda despachar, llegue mucho después de lo acordado, etc.

A fin de cuentas el proceso de exportación también está acompañado de muchos riesgos nacidos de la propia naturaleza de la operación. Tampoco es raro escuchar que alguien por la necesidad de vender ha mandado una mercancía y que luego no ha podido cobrarla, y es que como decía antes el vendedor y el cliente están separados por miles de kilómetros y miles de diferencias.

Tanto la importación como la exportación, cuando las operaciones se realizan en las condiciones adecuadas suelen ser operaciones muy beneficiosas para las empresas, bien porque supongan un ahorro importante en costes, o bien porque el margen que nos permita la venta de productos en un país tercero sea mucho más atractivo que nuestro mercado local. Estos factores son los que llaman a los empresarios a la aventura de la internacionalización, pero no son pocos los que por aventurarse, sin las precauciones necesarias y sin el asesoramiento adecuado, convierten la aventura en una pesadilla.

El mundo de las operaciones internacionales es complejo, está lleno de tecnicismos, viene acompañado de muchos factores que son absolutamente imprevisibles (como por ejemplo la evolución de una divisa) y por si fuera poco todo lo anterior, uno de los compañeros de viaje es la autoridad tributaria que son los responsables de nuestras aduanas y quienes nos conceden el permiso para introducir y sacar mercancía.

Contar con la ayuda de personas que tengan los conocimientos necesarios y la experiencia para realizar este tipo de operaciones (con la máxima seguridad posible) nos puede ahorrar muchos disgustos y dinero. Aunque al principio nos pueda parecer que sus servicios encarecen las operaciones… en este campo más vale pecar de prudencia por exceso que por defecto.

Hace pocos días terminando una operación de exportación, le entregué la documentación al cliente para que se la hiciese llegar al comprador internacional y le repetí machaconamente las instrucciones, a lo que este me dijo: “que metódico eres jodio” (expresión que en ese momento me hizo mucha gracia) y le contesté: “toda la prudencia… es poca”, que es lo que nos decía mi padre cuando nos íbamos con el coche o con la moto a alguna parte. Pues en esto del negocio internacional, donde podemos minimizar los riesgos pero no eliminarlos, es bueno seguir el consejo de mi padre.