Bartolomeo Ventolera
Juan Antonio Palacios Escobar
Bartolomeo era un personaje curioso, cuyo comportamiento sufría modificaciones en función de la dirección, velocidad y fuerza del viento. Aunque a decir verdad lo de Ventolera no era un caso excepcional y le ocurría a mucha gente de aquella ciudad a orillas de aquel mar siempre distinto y majestuoso.
Su metamorfosis era total según la dirección en que soplara el Dios Eolo . Sé que muchos de ustedes han pensado en la bella ciudad de Tarifa, pero no se trata de esta singular villa, la más meridional de la Península, sino la chilena de Punta Arenas, una de las más australes del mundo y famosa también por ser ventosa.
Como él, a sus treinta y seis años había llegado a la capital de la Patagonia Austral desde su Algeciras natal. Su madre había contraído matrimonio con Héctor, un marino natural de este bello rincón del mundo y con un año se fueron a vivir de la Novia del Sol a la Antártida Chilena.
Pero no les voy a contar la historia de nuestro personaje, sino como era y se comportaba, aunque no dejaba nunca, a pesar de no haber vuelto desde que salió de nuestra tierra con tan solo doce meses de edad había como un misterioso sentimiento de añoranza de aquella ciudad asomada a la bella bahía.
Ventolera era una persona de fuertes emociones, sentimientos e intuiciones que seguía el lema de actúa y acertarás. Tenía la obsesión de hacerse con toda la información, observar la actitud y los movimientos de todos.
Bartolomeo sabía que debía corregir ciertos hábitos nocivos, y que si daba los pasos adecuados no tenía que temer al fracaso., que entre diversidades y uniformidades las dudas son normales pero debemos escapar de ellas para no confundir la información.
Hablaba de modo claro pero conciso, y en ocasiones ser tan reservado no le sentaba demasiado bien., ya que era no como tener muros y vallas delante sino los signos de una vergüenza. Debía concentrarse en sus tareas y no dejarse influenciar por los demás.
Tenía que cambiar de estrategia y no empeñarse en convencer a quien estaba cerrado a todo razonamiento. Plantearse el tomar el control de su vida y dejar de hacer la ola, pasando del disparate a la sensatez, sin desperdiciar oportunidades.
Necesitaba autoafirmarse dentro del respeto a su dignidad y a la decencia, sintiéndose bien consigo mismo para terminar con éxito todas las actividades pendientes. Todas las posibilidades estaban a su alcance para seguir adelante tratando de disfrutar de su propio camino.
Había descubierto en las palabras un universo lleno de significados, unas herramientas con las que hacer poesía, elaborar historias, escribir ensayos o novelas. Era tan sencillo y complicado a la vez este juego de construir algo nuevo con voces vocablos y términos, que por sí solo eran una parte de cualquier todo.
La importancia de que se había producido algo como si fuera un milagro , que no era ni más ni menos que el resultado de muchos años de buen trabajo y de compromiso, para no dejarse pisotear por nadie ni que le levantaran la voz, para mantener la dignidad y la decencia..
Sabía que cuando el fondo parece el mismo, la diferencia está en las formas y en no caer enfermo de males desconocidos, empeñado en discutir de temas inútiles.