Aulas de experiencia… Maestros de vida
Ana Mancheño, teleprensa.com Sevilla
Esta semana he asistido a la inauguración de un Ciclo de conferencias del Aula de la Experiencia y como ponente inaugural la Defensora del pueblo, Soledad Becerril, primera mujer en ocupar dicho puesto. Pero no es de ella de quien quiero hablarles. Sí, de los asistentes tan especiales a dicha ponencia. Alumnas y alumnos del Aula de mayores llenaban la sala, todos con unas ganas inmensas por seguir aprendiendo.
“A medida que uno sabe, se da cuenta de lo mucho que le queda por saber…El saber es lo que más reconforta al ser humano…”Cita del inicio del discurso de la Defensora y, a la que todos los allí presentes, cuando le oyeron decir estas sabias palabras asintieron, llenos de vitalidad y con ansias por seguir en la vida con un objetivo: no abandonar nunca la capacidad de asombro que da instruirse, a pesar de que los demás los vean muy mayores. Para mí en cambio, son mayores porque el paso del tiempo deja sus huellas físicas, pero son jovencísimos de espíritu. Esencial para lograr extraer lo bueno que la vida nos ofrece según vamos pasando por ella.
Estas imágenes de personas así, que se quedan grabadas en la retina de quien las ve y oye, son las que hacen entender que nunca hay límites de edad para la adquisición de conocimientos. Y hacerlo con ímpetu e ilusión. Los años no son más que números. La verdadera edad está en la pasión que pones en todo lo que inicias, sin importar si eres muy mayor, menos mayor o de mediana edad ¿Qué mas da?
Ya Podrían aprender tantos y tantos de aquellos que les oye decir eso de “…Con la edad que tengo, ¿para qué estudiar, cómo meterme en ese lío…?” Cuando “esa edad” ¡no pasa de los treinta y poco! Me sorprende que, de tener opción para seguir creciendo interiormente y con un pensamiento libre, se conformen con tenerlo aprisionado por teorías absurdas. Sin argumentos para cuestionarlas.
Me llamó la atención Celia, una de las alumnas del Aula, con ochenta y seis años y algunos achaques, me contó que con sesenta empezó a estudiar en la facultad de Bellas Artes. Y ahora en su afán de seguir aprendiendo asiste al Aula de la Experiencia de la Universidad de Sevilla. Pude comprobar que muchos tenían estudios universitarios, pero otros muchos no, solo una mente con ansias de absorber todo el conocimiento que otros les puedan transmitir y que luego hacen suyos.
Ellos no lo tuvieron fácil en su tiempo, no habían tenido esa oportunidad de ir a la universidad, pero ahora lo pueden hacer y “prefieren asistir a clase, antes de dejar pasar su vida delante del “Sálvame” o de cualquier otra actividad que no les aporta lo que sí este continúo aprendizaje…” (Lo de “ver Sálvame o lo que es lo mismo el daño que le hace al intelecto, dicho programa, son palabras textuales de estos “admirables estudiantes”), maestros de vida y enganchados, no a un móvil, pero sí a explorar otros mundos de saber que les completa su dilatada experiencia vital, puesto que las cosas se perciben y asimilan con los años con la serenidad que éstos proporcionan.
Siempre he tenido como premisa una cita que me acompaña y creo que, si no nos hace del todo libre, sí un poco más “Los libros me enseñaron a pensar y el pensamiento me hizo libre”. Pues aprendamos de nuestros mayores que el hecho de no haber tenido esa opción antes, no les impide seguir creciendo intelectual y emocionalmente con un pensamiento sin ataduras