Concha Casas. Escritora
Apenas tenía siete años cuando supe que en el mundo existían madrastras malvadas capaces de llegar hasta lo más profundo del bosque para lograr el más cruel de los caprichos. A esa misma edad descubrí que siempre hay un hada madrina que salvaría a la protagonista de las garras del mal.
Además he tenido la suerte de que yo misma he tenido siempre mi propia hada madrina que me ha abierto las puertas de los recónditos reinos encantados donde todos los sueños se hacen realidad y la he tenido porque alguien hace mucho tiempo me regaló un primer libro. Dicen que el sentido del olfato es uno de los que más influye en el impulso amoroso, puede ser, todavía recuerdo perfectamente el aroma que aquellas hojas al moverse hacían llegar hasta mi pituitaria. El flechazo fue inmediato. Ese nuevo amigo tenía además miles de cosas que contarme, cosas que yo no solo no sabía sino que ni siquiera podía llegar a imaginar, cada línea abría un misterio que se incrementaba en la siguiente, mis ojos corrían ansiosos por ellas adentrándome en bosques encantados, palacios de cristal y casitas de chocolate.
Según fui creciendo, mi amigo lo fue haciendo conmigo y empezó a contarme otro tipo de historias, aventuras que me llevaron a conocer lejanos y exóticos países que nunca imaginé hubieran existido, aprendí que los malos muchas veces no lo eran tanto como parecían y que los buenos a veces iban disfrazados de ello sin serlo.
Aprendí también a conocer realidades muy diferentes a la mía y me sorprendió comprobar que la mayoría de las veces éstas no estaban en lejanos y perdidos países, sino que vivían a mi lado sin yo saberlo.
A través de mi amigo conocí de luchas reales a veces simplemente para abrirles la puerta a otros como él que tenían mucho que decirnos, «libros prohibidos» los llamaban entonces. También los conocí y me enseñaron palabras maravillosas cargadas de contenido y tan mágicas o más como las princesas de mi infancia: libertad, igualdad, justicia social.
Siempre me ha acompañado porque tiene el don de multiplicarse casi hasta el infinito y por muy diferentes que hayan sido mis realidades se ha ido adaptando a mis necesidades. Me ha ayudado cuando ha sido necesario, a apartar esa espesa capa de fango que a veces cubre el mundo de los sueños.
Un día también me poseyó y parí otros como él que sé que han acompañado a mucha gente en sus noches de insomnio.
El pasado lunes se celebró tu día y no podía menos que estar ahí contigo, porque la magia de tu misterio se repetirá cada vez que alguien te coja entre sus manos y al ir pasando tus páginas se adentre en mundos tan distintos o tan iguales a los suyos . ¡Querido libro, feliz día!
