Celebraciones
Concha Casas. Escritora
Esta semana que termina ha sido testigo de una celebración que curiosamente ha pasado desapercibida a la inmensa mayoría de la población. No deja de ser un tanto paradójico, ya que vivimos en una sociedad que se alimenta en un altísimo porcentaje de lo que este pequeño sector genera.
El miércoles día 24 se conmemoró el día del periodista. San Francisco de Sales es el patrón de este gremio que tanto da de sí .Este santo estudió derecho y teología. Para defender al catolicismo de los ataques de los calvinistas
publicó varios volantes que iban de mano en mano, incluso se pegaban en las paredes de las casas principales para que todos pudiesen leerlos. Por eso se le consideró el primer periodista y por eso este gremio lo adoptó como patrón.
La profesión de periodista es una de las más intensas y quizás menos conocidas por el público en general. Aunque de todos es sabida la intensidad que lleva consigo esta profesión, sobre todo a los que les toca la dudosa suerte de ser corresponsales en los sitios más inverosímiles, hoy me voy a referir al periodista hacedor de periódicos. Aunque pocos lo saben es una profesión totalmente sacrificada y dura, si sirve como dato, baste decir que es una en la que más altos índices de divorcio hay.
Para empezar, sus horarios son bastante diferentes a los del resto de la población. Cuando la mayoría ya están de vuelta a casa, descansando de la dura jornada, es cuando empieza la suya. El movimiento en una redacción suele comenzar a las cinco de la tarde. La hora de cierre suele oscilar entre la una y las dos de la madrugada. Por supuesto lo de los sábados y domingos no existe en su agenda. Cada día es lectivo y hay que estar ahí al pie del cañón.
Casi nada de esto trasciende al gran público que apenas saben de estos trabajadores, nada más que por los que salen en las diferentes tertulias televisivas. Es evidente que estos son unos privilegiados, al menos en cuanto a remuneración salarial y horario se refiere.
Ese periódico que tan gratas nos hace las mañanas mientras lo ojeamos tras el delicioso aroma de un café, lleva consigo el trabajo muchas veces oculto e ignorado de un colectivo que en muchas ocasiones es vapuleado (quizás porque el gran público lo conoce por esas persecuciones kafkianas a las que someten a algunos famosos o famosillos, producto de un amarillismo que para nada es la generalidad de la profesión). Por eso no está de más reivindicar una profesión tan útil en una sociedad como la nuestra incapaz de concebirse sin la información nuestra de cada día.
Hay quien dice que la información es poder, yo no se si tanto, pero hoy por hoy lo que seguro sí es, es cultura. Y es gracias a la labor callada de tanta gente como llega a nuestra casa cada día.
Era de justicia dedicarles un ratito. Felicidades y gracias a tod@s lo que la hacéis posible.