Un poco de sentido común
José Antonio Amate Rodríguez Presidente de la Autoridad Portuaria y Candidato del PSOE
No puedo entender, sinceramente, que la instalación de una oficina pública para atender a los ciudadanos dé lugar a la confrontación y la tensión que hemos visto en estas últimas semanas. Sí puedo ver, en cambio, la manipulación política que subyace en el comportamiento de determinadas personas, no siempre residentes del barrio de San Luis.
Estoy hablando de una Oficina de Extranjería, no de una oficina para inmigrantes, que el Gobierno de la Nación va a abrir en ese barrio. Se trata de un servicio que el Estado presta tanto a nacionales como extranjeros para la gestión de trámites administrativos relacionados con el empleo, la residencia o los programas de ayuda y formación. Como en otras ocasiones, ha habido personas que se han encargado de pintar un panorama de colas interminables, suciedad, inseguridad y atascos. Nada de eso existe en el entorno de la Oficina de Extranjería que se acaba de abrir en el barrio de Salamanca, en el centro de Madrid. Nada de eso ocurre en las inmediaciones del consulado de Marruecos de nuestra capital.
Y me duele que personas públicas con importantes responsabilidades políticas participen de la demagogia sin el menor inconveniente. Los mismos políticos que inauguran jornadas como “La inmigración como oportunidad”, que invitan a hablar en Almería al excomisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, los mismos que organizan muestras artísticas interculturales, son, en fin, los mismos que desean llevar a los extranjeros al puerto, supongo que junto a los jóvenes que salen a reunirse y divertirse en las noches del fin de semana.
No soy el único que recuerda esas imágenes de las playas de Canarias en las que este verano los turistas daban agua, alimento y solidaridad a los desfallecidos inmigrantes recién desembarcados de las pateras. Frente a ese tráfico criminal e ilegal de seres humanos, los ciudadanos respondían con humanidad y respeto para las víctimas.