jueves. 04.06.2026

El debate nuclear

Francisco Joaquín Cortés García Profesor de la UAL

El actual choque petrolero, que arraiga en esencia en una expansión desmedida de la demanda, ha incorporado nuevos argumentos favorables al debate nuclear. El escenario energético a largo plazo parece anticipar un proceso inequívoco de reducción del peso de la energía de origen fósil por el incremento paulatino tanto del precio del petróleo como del precio de los derechos a contaminar (Kyoto). Aunque el petróleo nunca se agotará, como no se ha agotado ni se agotará el carbón, sí se hace necesaria una recomposición del mix energético en los países desarrollados, que son los que más contaminan, los que presentan una mayor huella ecológica y los que cuentan con más recursos para asumir posibles proyectos de sostenibilidad energética.

La energía nuclear de fisión, por razones prácticas y amortizativas, parece abocada a estar inexorablemente en ese mix. No obstante, aunque puede contribuir de forma sensible a paliar el desequilibrio energético derivado de la escalada del precio del petróleo, en ningún caso puede ser la sustituta de la energía fósil por razones tanto de índole económica como de índole operativa. En concreto, las reservas de uranio no serían suficientes para atender las necesidades de producción en una apuesta ambiciosa por la energía de origen nuclear.

Como argumento a favor, se comenta que la energía nuclear es barata desde el punto de vista operativo, pero precisa de fuertes apalancamientos financieros, así como de largos y engorrosos periodos de maduración que van en detrimento de la flexibilidad y de su capacidad de adaptación a las nuevas necesidades energéticas. Además, habría que añadir los costes en los que incurren y que no internalizan las centrales nucleares, especialmente los relacionados con la protección medioambiental y la seguridad. En concreto, todavía no se ha resuelto mínimamente la gestión de los residuos que genera esta industria; residuos que mantienen su actividad radiactiva durante miles de años y que suponen un claro traspaso intergeneracional a las generaciones futuras de los costes de nuestro bienestar presente.

Estos elevados costes, unidos a los costes hundidos propios de este tipo de instalaciones, generan una estructura económico-financiera que sólo es asumible por el sector público o por empresas y mercados sometidos a una fuerte regulación económica. En este sentido, se puede decir que la energía nuclear no es rentable económicamente, salvo si se abstrae de determinados costes (todavía estamos pagando los costes derivados de la moratoria nuclear), ni tolerable socialmente.

La única solución estable y socialmente asumible para resolver nuestros desequilibrios energéticos pasa por políticas de ahorro energético, por un nuevo concepto de desarrollo económico, por una revisión del concepto de crecimiento y por la reconsideración de los patrones occidentales de bienestar, generalmente asociados a una concepción productivista y consumista de la felicidad. Las energías renovables no puedan dar soluciones globales, pero sí pueden contribuir a dar soluciones parciales. El elevado precio del petróleo, unido a una clara y decidida política energética orientada a la sostenibilidad, que permita capitalizar las demandas ambientales y sociales, pueden estar generando un escenario idóneo para la apuesta por las energías renovables y que no debemos desaprovechar.

El debate nuclear
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