jueves. 04.06.2026

El debate

José Antonio Santano

Todo estaba preparado para el gran debate político. Los partidos mayoritarios habían acordado el número, cuándo, cómo y quién empezaría y concluría ese debate. El líder de la oposición, Mariano Rajoy comenzaba la serie de los tres bloques consensuados para proponer sus propuestas políticas para los próximos cuatro años. Y comenzaba el líder popular –algo inaudito para quien pretende ser Presidente de todos los españoles- leyendo un texto preparado para la ocasión; ninguna mirada al adversario político, sólo sus tics nerviosos aparecían en la pantalla, las arrastradas y continuas eses del gallego que es y vive desde hace ya muchos años en Madrid eran los sonidos que se oían una y otra vez como si se tratara de un cansino eco.

Por su parte, el líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba inició su intervención mirando a la cara a su adversario político, seguro de sí mismo, sin necesidad de mirar papel alguno –sólo cuando los datos eran imprescindibles para rematar la faena de la argumentación reiterada también hasta la saciedad-. Rubalcaba, con sus conocidos tartamudeos, exponía sus propuestas y preguntaba al líder popular sobre cuáles eran las intenciones que derivaban de su propio programa electoral, a las que no respondía o por desconocimiento –hecho muy grave si así es- o por ocultar las verdaderas razones de su programa ante los millones de ciudadanos que en esos momentos seguían el debate. Ninguna respuesta, al contrario, siempre jugando a ser el prestidigitador de la palabra, resaltando ambigüedades, vacíos incomprensibles de quien pretende gobernar a todos los españoles.

Cada uno extraerá sus propias conclusiones de este debate, no faltaba más, y todos están en su derecho de votar a una opción política u otra, ya lo creo, pero hay algo claro, transparente y que todos hemos podido comprobar durante los 100 minutos que ha durado el debate, y es que, quien ha recriminado tanto al líder socialista, al gobierno socialista, no haber hecho los deberes es quien menos ha cumplido, porque es precisamente el líder del PP, Mariano Rajoy, quien no llevaba sus deberes hechos, de ahí que haya tenido –como el mal estudiante- tirar continuamente de sus chuletas. Lamentable, simplemente lamentable.

La suerte, como se dice en el argot torero, está echada, pero mal nos irá si nos fiamos de quien usa la trampa para aprobar y no de quien, con esfuerzo y trabajo estudia horas y horas para alcanzar los mejores resultados en el examen final.

El debate
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