El copago de verdad
Valentín Escobar. Abogado. Escobar Navarrete Abogados
A pesar de que nos encontramos en plena campaña electoral, el copago parece a todas luces estar a la vuelta de la esquina. Ni siquiera la cercanía del 20-N consigue disimular las numerosas alusiones al mismo que desde diversas instituciones se vienen realizando de forma más o menos directa en los últimos meses.
Las tres principales aplicaciones del sistema de copago vienen siendo de forma habitual el sanitario, el educativo y el de la administración de justicia.
Conviene comenzar por aclarar el concepto de copago. En realidad, no se trata de cobrar por un servicio al que el ciudadano ya tiene derecho como consecuencia del pago de sus correspondientes impuestos, no. El copago –en su versión original- busca reeducar a los ciudadanos en el uso responsable de los recursos públicos. Cobrar cinco euros a un paciente por una intervención quirúrgica cuyo coste asciende a más de cinco mil no tiene como objetivo recaudar, evidentemente. Pero cobrar cinco euros a aquellos pacientes que de forma injustificada acuden a urgencias de un hospital cuando se resfrían en lugar de acudir a su médico de cabecera, sí que parece una medida educativa y disuasoria. Es un hecho cierto e indiscutido que el coste por asistencia u hospitalización es menor en la medicina privada que en la pública, como también lo es que allí donde existe el copago, por testimonial que sea, el uso de los recursos públicos es mucho más racional que donde existe “barra libre”.
Por supuesto, cobrar una cantidad que no sea puramente testimonial, no sería copago, sino que supondría limitar el acceso a la sanidad, educación o justicia a aquellos ciudadanos cuyos ingresos no les permitan afrontar ese desembolso. Eso sería terrible, y desde luego contrario a varias leyes fundamentales, por injusto. No sería lícito cobrar más al que más enferma, o limitar el acceso a la Justicia a aquellos que carecen de recursos económicos.
No, el copago no debe tener como fin recaudar, sino reeducar. Hay que reconocer que los años de abundancia han traído años de abuso, y no parece que el Estado –ni las Comunidades Autónomas- esté en condiciones de seguir soportando ese abuso por parte de algunos.
Da la sensación de que el resultado electoral no tendrá incidencia en este asunto. Gane quien gane tendremos copago al menos en esos tres ámbitos, y no tardará mucho en llegar, si no nos lo imponen antes. Esperemos que no se tergiverse y se trate de un copago de verdad, y no de otra forma de recaudar injusta y arbitraria.
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