jueves. 04.06.2026

Crudo y duro

Juan Antonio Palacios

En la fauna política, como en la vida misma y en la escala zoológica, hay todo tipo de variedades. aunque todos los días como decía el fallecido Premio Nobel de Literatura José Saramago desaparecen especies animales, vegetales, idiomas y oficios.

Hay responsables públicos queridos lectores de TELEPRENSA, que no se entienden con su partido, tal vez porque nunca estuvieron en el sitio donde les hubiera gustado estar, tampoco lo hacen con la oposición, no logran sintonizar con ellos mismos cual es su frecuencia, y ante ese estado de cosas, deberían preguntarse humildemente, si no están equivocados o que error están cometiendo, ya que no es posible que el resto del mundo esté en lo falso y ellos en lo cierto.

Con frecuencia, observamos en aquellos que no se enteran, una actitud de arrogancia, y en el colmo de su osadía y atrevimiento, se consideran en sus actuaciones como seres grandiosos, magníficos y estupendos, y se embelesan en la contemplación de sus cualidades propias, con un total menosprecio a los demás.

Lo curioso, y es lo que nos tiene que hacer estar atentos ante estos crudos y aparentemente duros, es que casi siempre actúan bajo una máscara distinta y como son embusteros patológicos, fingiendo cualidades, ideas o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen, son muy peligrosos.

Son tremendamente egoístas, aunque quieran hacerse pasar por los más abnegados, sacrificados y generosos del orbe. Su único medio y fin, son ellos mismos, y aunque afortunadamente nadie es perfecto, piensan en el paroxismo de su necedad que si no fuera por su genialidad, nada se haría y que son los únicos capaces de conseguir que las cosas funcionen.

Ni les importa que los temas se resuelvan con equidad y justicia, ni tienen sensibilidad para ser receptivos ante los problemas de los demás, y por mucho que se empeñen en teatralizar, las vísceras les pueden, y no logran disimular sus resentimientos y cuando se manifiesta la verdadera gentuza que llevan dentro, lo hace en toda su mala educación y desconsideración hacia los demás.

Su moneda de cambio permanente es el engaño, la falsedad, la mezquindad y la política basura, actuando y comportándose importándole un “carajo” los demás, en un deseo irresistible de imponerse o dominar, en todo aquello de lo que carece e ignora.

Suele ser alguien pobre intelectualmente hablando, lo que le provoca más irritación en todas aquellas situaciones en las que ha de poner a prueba su falta de seriedad y rigor, su ausencia de escrúpulos, ante el obligado cumplimiento de cualquier ley, norma o regla, adoptando una actitud de aquel que desprecia cuanto desconoce.

A estas cualidades, ha de añadir que no tiene ningún empeño en aprender ni admitir sugerencias. Tal vez porque ni les interesan ni se enteran, aunque eso sí como todo aquel que en ocasiones es consciente de su complejo de inferioridad, lo manifiesta con un derroche de superioridad y suficiencia.

La continúa autocomplacencia le sume en una especie de estado de letargo vanidoso e inútil, que le impide rectificar y avanzar, y en su altanería no tiene vergüenza para hacerse dueño de los méritos que no le corresponde, apropiándose con una cara más dura que el cemento de los éxitos ajenos, pero su desconfianza le hace débil, aunque no debemos olvidar lo que decía Quevedo que es “más fácil escribir contra la soberbia que vencerla”.

Juan Antonio Palacios Escobar.

Crudo y duro
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