Manuel Jaén. Catedrático de Economía de la UAL
Han producido un gran escándalo en todo el mundo las declaraciones de un bróker londinense sobre cómo algunos inversores bursátiles ganan cantidades enormes de dinero en las recesiones y están deseando que se produzcan o profundicen para seguir forrándose. Lo que me llama la atención en este caso es que los mismos que permiten o han permitido a todos estos individuos ganar cantidades obscenas de dinero se escandalicen cuando uno de ellos se jacta de ello. Las operaciones que realiza este individuo y muchos de sus compañeros brókers o dealers o traders no serían posibles si desde Estados Unidos y la Unión Europea no se hubiera construido un mundo financiero que no pone ninguna traba a ningún tipo de operación sino que la alienta. Esos mercados financieros globales de los que se sienten tan orgullosos nuestros dirigentes que han provocado la actual crisis, las anteriores y que provocaran las por venir pues después de mucho hablar en los distintos G´s, cumbres mundiales, de grandes líderes, etc., los ciudadanos, después de tres años, seguimos esperando la más mínima traba, la más mínima regulación que permite evitar esos desmanes.
Todos estamos acostumbrados a que las noticias bursátiles sean positivas cuando el índice correspondiente, el IBEX 35 en el caso español, sube y cuando baja parece que el locutor televisivo que da la noticia se siente muy compungido. Sin embargo hay inversores para los que las buenas noticias son que una empresa disminuya su cotización bursátil o que baje el índice. Son los inversores que apuestan contra el mercado, son los especuladores que ganan dinero cuando se produce una bajada. En el argot bursátil se habla de ventas a corto o apuestas contra el mercado. El sistema es casi tan antiguo como los mercados financieros.
Se trata de apostar contra un valor determinado sean acciones, obligaciones o bonos pensando que en un futuro su precio en bolsa va a bajar. El mecanismo es muy sencillo: supongamos que un especulador del mercado piensa que las acciones de una determinada empresa van a bajar de 50 a 40 euros en un período de seis meses. El operador se compromete a venderlas a otro inversor un paquete de esas acciones a 50 euros. Para poder cumplir con su compromiso las pide prestadas. Las vende y las vuelve a recomprar más barato a los 6 meses y se las devuelve a su prestamista.El beneficio es la diferencia entre lo que obtiene al vender las acciones menos lo que paga por comprarlas más baratas más la comisión por el préstamo. Esta operación la puede realizar también apalancado, es decir con un préstamo de un agente o de un banco, con lo que su único coste es el dinero que paga al banco por el tiempo que tiene el préstamo. Naturalmente puede ocurrir que las acciones suban de precio, por ejemplo a 60 euros, y el especulador pierde dinero. Sin embargo, el operador se precia de conocer el mercado y normalmente apuesta con una probabilidad elevada de acertar. Los mecanismos para esto son variados aunque normalmente el operador sabe que la empresa tiene algún tipo de dificultad que va a hacer que en un plazo muy corto sus acciones bajen el precio. Naturalmente los especuladores pueden también emprender algún tipo de acciones más o menos legales para buscar que baje el precio de las acciones o los bonos, tales como extender rumores en el mercado sobre la solvencia de la empresa o la falta de competencia de sus directivos.
Este tipo de operaciones se pueden realizar en otros mercados tales como los de futuros o indices bursátiles. Cuando se realizan de una forma adecuada pueden convertirse en mecanismos de displicina para los mercados pues las acciones no pueden cotizarse muy por encima de su valor real. Sin embargo su utilización especulativa puede desestabilizar los mercados. Ese fue el temor de la Unión Europa cuya Autoridad de Valores Financieros prohibió las ventas a corto en Agosto de este año por, literalmente “un intento de frenar los falsos rumores que desestabilizan los mercados.
Una situación de este tipo es la que está ocurriendo en estos momentos en las actuaciones que se están llevando a cabo contra los bonos españoles o italianos. Las noticias o rumores sobre la falta de solvencia de los países o la ineficacia de sus gobiernos provocan y han provocado ya el aumento de la prima de riesgo y, en consecuencia, la bajada de precio de los bonos o las obligaciones de los estados que ya estaban en el mercado secundario.
Así que tiene toda la razón el Señor Rastani: Hay mucha gente que gana cantidades ingentes de dinero con las crisis aunque hay muy pocos que como él sean capaces de reconocerlo públicamente.
