Confiésate
Antonio Cobo, sacerdote
Venimos preparando nuestra alma desde el miércoles de ceniza para vivir la Semana Santa de este año 2011 con un corazón más limpio y humilde.
La mejor manera de aprovechar estos días de Pasión, Muerte y Resurrección es acercándonos a Dios en el sacramento de la confesión y pidiéndole perdón de nuestros pecados.
Podemos arrepentirnos de las veces que le hemos olvidado y dejado para lo último de nuestro horario. Por los días sin rezar, los domingos que hemos tenido tiempo para tantas cosas menos para estar con Dios en la Santa Misa. Por las veces que delante de nosotros se ha ridiculizado a Dios o a su Iglesia y hemos callado por vergüenza. Por las faltas de respeto, de cariño, de obediencia en nuestra familia, por el daño de palabra, de obra o de pensamiento que hemos producido a personas de nuestro alrededor. Por los actos deshonestos, que hemos cometido. Por los pensamientos y deseos contra la pureza de la sexualidad que hemos consentido. Por haber impedido a Dios que nos pudiera bendecir con un nuevo hijo, poniendo egoístamente medios anticonceptivos para impedirlo. Por haber hablado negativamente del prójimo, criticando o calumniando. Por las mentiras y envidias que hemos tenido. Por no haber ayudado más a los que sabemos que lo necesitan, por haber sido perezosos en nuestras obligaciones, etc…
Lo que más agrada a Dios es un corazón contrito y humillado que se arrepiente de sus pecados.
Una Semana Santa en pecado no es una semana santa, es una semana perdida.
Jesús nos dijo al inicio de la Cuaresma: “Convertíos y creed en el Evangelio”.
Para que este año la Semana Mayor de la fe cristiana sea una semana de paz y alegría, de amor y de unidad, hace falta dejarse perdonar por Dios. Hay que hacer examen de conciencia, arrepentirse de los propios pecados, acudir a la confesión, hacer un firme propósito de mejorar y reparar el mal que hemos hecho, cumpliendo la penitencia.
Jesucristo es el Salvador del mundo y ha venido a buscar al que está perdido, a sanar al enfermo, a perdonar al pecador, y a hacernos santos como Él.
A todos os invito a dejaros perdonar por Dios en la confesión y a vivir este año la Semana Santa con un alma limpia, llena de Dios. Y os aseguro que será la mejor semana del año si la vivís en gracia de Dios. Os llenaréis de fe, esperanza y caridad para repartirla a los que más queréis.