Antonio Cobo, sacerdote
La luz es tan importante que personas y plantas no somos los mismos sin ella, la necesitamos para vivir.
Jesucristo se presenta como la “Luz del mundo” y a sus discípulos nos llama “hijos de la Luz”. Pero si tantos millones de cristianos somos “la luz del mundo” ¿por qué hay tanta oscuridad y tantas situaciones tenebrosas: violencias de todo tipo, fraudes, delincuencia, vicios, destrucción, tristeza…? Todo es un problema de “conexiones”.
Sabemos que Dios es muy aficionado a poner luz donde hay oscuridad; empezó el Universo diciendo: “hágase la luz”… y que se lo digan a los astrofísicos, la de galaxias que instaló, ¡menudo despliegue de luz física!
Pero hay otra luz, espiritual, a la que Dios nos ha conectado con distintos enchufes, esa luz proviene de Él y la llamamos “santidad”.
Todas las palabras se nos quedan cortas para definirla. Esta luz equivale a: Vida, Belleza, Bien, Verdad, Alegría, Paz, Amor…
Una ráfaga de esa Luz brilló en el útero oscuro de nuestra madre cuando Dios empezó a iluminar nuestra vida en el momento en que un espermatozoide paterno fecundó el óvulo materno y se llenó de “luz-vida” aquel vientre precioso.
La luz se intensificaba con los días y a los nueve meses esa “luz-vida”, que es el bebé, dio su luz al mundo. Pero ahí no queda todo.
Al poco de nacer Dios tiene previsto que ese bebé pueda recibir una nueva descarga infinita de su Luz-divina, llamada “Gracia de Dios”, en el bautismo. En ese momento sencillo el Espíritu Santo, que es Luz de Dios, llena de vida eterna a una persona humana limitada. El resto de la vida del bautizado consiste en no desconectarse de Dios y transmitir esa Luz que da vida al mundo.
El problema es que en nuestra vida hay muchos cortocircuitos por nuestra culpa, y apagones, por alejarnos de Dios. Es el pecado, la oscuridad por desconectarnos de Dios.
Aunque la historia está plagada de personas que han procurado vivir enchufados a Dios y reparando sus cortocircuitos. Estas personas tan llenas de luz han escrito las páginas más luminosas de la historia; son los santos.
Podemos vivir bien conectados a la Luz de Dios, ser santos y llevar una vida luminosa, en realidad es el verdadero sentido de nuestra vida. Ya lo decía Jesucristo: “la luz está para iluminar…”.
A la persona que le suenen estas líneas a poesía pseudo mística, le aseguro que están experimentalmente demostradas por mucha gente que son madres, padres, trabajadores, estudiantes…de toda raza, lengua y nación.
Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, resume con estas palabras: “quién me sigue, no caminará en tinieblas y tendrá la luz de la vida”.
No dudes que si falta luz en tu vida tendrías que revisar las conexiones y volver a conectarse a Dios, además su Luz es gratis.
Antonio Cobo, sacerdote instalador enganchado a la Luz.
