Juan Antonio Palacios Escobar
Al igual que los caracoles salen a tomar el sol, arrastrando con su baba todo el camino que recorren, pero sin las propiedades preventivas y curativas de esta sustancia de estos gasterópodos, que sirve para reparar arrugas, manchas de la piel, cicatrices, celulitis, acne, marcas eruptivas y las huellas de expresión que nos deja el paso del tiempo.
De igual manera que los girasoles, orientan sus movimientos hacia el astro rey, una planta poco exigente y muy adaptable también al cultivo de secano, aunque claro está el riego aumente su productividad. Nos dará sus flores durante todo el verano e incluso durante parte del otoño
En estos tiempos que corren y cuanto más se aproximan los procesos electorales, hay quienes procuran resituarse en función de cómo intuyen que pueden quedar las cosas, y cuales serán los futuros focos de poder e intentan colocar su capital al mejor interés posible, sin importarle lealtades y convicciones.
Entre caracoles y girasoles, algunos sujetos y personajes de la política andan arrastrándose y chaqueteando hacia el sol que más calienta , y en dicho empeño, olvidan principios, valores y dignidades , siendo capaces de metamorfosearse una y mil veces, para satisfacer sus ambiciones y evidenciar su falta de escrúpulos.
Hoy podemos observar con atención como el pelota, rastrero e intrigante de turno, dice con pasión y ardor pertenecer y defender las posiciones del grupo de los istas, y mañana en cuanto vea que la brújula cambia de orientación le veremos con enorme sorpresa convertirse a la fe de los antistas, en un ejercicio circense del más difícil todavía.
Pasan las horas y los días, entrenándose en tejer permanentemente la red del como crear un ambiente de desconfianza y conflicto, ya que es en la falsedad y el engaño donde se desenvuelven a la perfección. Consumen y gastan todas sus energías, en procurar la inquietud e irritación de los demás.
No saben de nada, pero pontifican sobre todo y ejercen la ambigüedad para sostener las posiciones más sectarias, absurdas y ridículas como la única solución posible, y rechazar con el más ignorante de los desprecios las tesis y soluciones adecuadas, que están guiadas desde el rigor y el sentido común.
Especialistas en giros, piruetas y volteretas hacia donde les conviene, son capaces de vender su alma al diablo, con tal de que se les tenga en cuenta en el próximo episodio de un serial que no tiene ni principio ni fin, en el que no importa cuales sean los objetivos y los protagonistas, siempre que ellos continúen.
A lo largo y ancho de su discurrir por este mundo no confían en nada ni en nadie, aunque eso sí, se cuidan muy mucho de no eclipsar a sus superiores, de ocultar sus intenciones creyendo que pueden manipular a todos los que tienen a su alrededor, y conseguir que otros hagan el trabajo y ellos colgarse las medallas.
Son también aficionados en intentar mantener a los demás en un estado de terror y suspense, alimentando la imagen de lo impredecible, jugando con los fantasmas de cada cual, atacando el talón de Aquiles de quienes le rodean y pueden hacerle sombra.
A veces con este tipo de gente, nos queda la esperanza de que el tiempo resuelva algo .Pierdan esta ilusión, ya que en la mayoría de las ocasiones el paso de las hojas del calendario nos demostrará que lo que creíamos que era imposible, se cumple, y en su increíble transformación en busca de sus intereses llegan a cotas de bajeza y mezquindad inimaginables.
Claro está, que el tiempo acaba colocando a cada cual en su lugar y a la ciudadanía, que está más atenta de lo que muchos piensan, le sobran las perversiones, las mentiras y las estafas, les hiere la intolerancia y la injusticia, y sabe valorar a los que con todos sus errores defienden sus demandas y no se pliegan al poderoso del momento.
