Antonio Calderón, Foro Aben Humeya
«Si se calla el cantor, calla la vida, porque la vida misma es como un canto», cantaba en su día Violeta Parra. Cuando se cumplen diez años de su marcha, los andaluces de conciencia, que tuvimos la suerte de conocer su nacimiento como juglar y trovador del pueblo, en los últimos años de la represión franquista, el inicio del proceso democrático y el estallido popular andaluz por su dignidad y soberanía, así como su continuo compromiso social y reivindicativo, no podemos dejar de pasa esta triste fecha de su marcha para mostrarle nuestro afecto, nuestro cariño y nuestro eterno agradecimiento por todo lo que ha significado para nosotros y para esta nuestra Andalucía y nada mejor que recordar, una vez más tus palabras, tu obra, tu andalucismo.
Su canto a la 'verde y blanca, «Ay, qué bonica verla en el aire, quitando penas, quitando hambres, verde, blanca y verde». Fue su homenaje a la bandera más antigua de Europa, y es y será, sin duda alguna, la expresión y el sentimiento más profundo de su sentimiento andaluz y de las penas de nuestra tierra, esa que el también conocía y echo de menos, como tantos cientos de miles de andaluces, en su exilio económico. En ese exilio que tuvieron que coger para quitarse el hambre. Y que cuando la escuchábamos o seguimos escuchándola, nos da un suplo de aire puro y de esperanza para seguir creyendo en la utopía de un Poder Andaluz, cada día más lejano.
Nos hemos acostumbrados a convivir con la mentira, la manipulación y la hipocresía. A justificarnos con ellas en nombre de la supervivencia. Hemos perdido voluntariamente las alas de la libertad ignorando que tras el miedo de vivir, el egoísmo, la indiferencia, la intolerancia, la bestia negra del fascismo nos espera.
Decía Calos, en una entrevista publicada en el conservador ABC el 5 de diciembre de 1995, “hay que terminar pronto con esa puta del Sur, la que devora a sus hijos como Saturno. La del paro, la droga, la ignorancia, la humillación y el conformismo. Y devolverle su memoria de luces, su magia primitiva y oculta. La grandeza de su instituto. Y recordarle que llegará un día en que tendremos que lamentar no haber sido más libres, más fuertes y más enamorados. Cuando no quede nada que defender. Cuando sólo las estatuas de sal anden entre las ruinas de lo que fuimos”
“Por eso yo levanto la bandera de mi pueblo. Por eso yo pronuncio el nombre hermoso de mi tierra. Y espero y deseo que las nuevas generaciones, con el poder que da la vida, recuperen los ritmos, la emoción, el arte y el firmamento. Y los arrojen contra este mundo que se derrumba y desaparecen en su propio fracaso y en la memoria de los tiempos para siempre”
No se, ni me importa, si Carlos Cano fue militante del PSA, o antes de ASA, o de cualquier otro partido, tampoco me importa si se convierto al Islam, o no. Lo que tengo claro y si me importa y me enorgullece, como andaluz, es saber su total COMPROMISO social y político con nuestra tierra, con Andalucía. La utopía anida en las prisiones de la soledad. “Hemos perdido el espíritu cívico, la solidaridad y la vergüenza. Estamos corrompidos por la crueldad, el egoísmo y el silencio” decía Carlos Cano.
Si algo caracterizó a Carlos Cano, además de su talento, fue su solidaridad. Durante el año 1993 intervino en el concierto ‘Pro-vitamias para los niños de Cuba’ (9 de julio en Madrid) y en el Encuentro de Cantautores del Xacobeo 93 (septiembre, en Orense).
Al año siguiente, el 18 de enero colaboró, en Madrid, en el ‘Concierto urgente por los pueblos indígenas de Colombia’, y el 8 de abril, en Sevilla, en el festival en apoyo a los trabajadores de las empresas Santana y Gillette. Días después, también en abril, cantó en la localidad granadina de Armilla en el recital musical que superó las 202 horas interrumpidas, superando el anterior record de Guinness.
El 3 de abril de 1995 sustituyó, por dimisión, al magistrado Baltasar Garzón en la Presidencia del Patronato de la Fundación por los Pueblos Indígenas.
El cantante presidió también la Fundación Alhayat, para ayudar a resolver problemas de la infancia. Esta adquirió en octubre de 1992 el cortijo de ‘La Rehoya’, en la localidad granadina de Órgiva, donde prestaba ayuda a niños saharauís.
En definitiva, Calos Cano se nos fue.
Antonio L. Calderón Díaz
Presidente de FORO ABEN HUMEYA
