Sobre la tasa Tobin

Valentín Escobar. Escobar&Navarrete Abogados

La semana pasada el Presidente del Gobierno retomó una vieja idea del pasado, y la convirtió en tema de actualidad. Aprovechó su viaje a los Estados Unidos para proponer en la ONU nada menos que la implantación efectiva de la Tasa Tobin1, y además se comprometió para hacer cuanto estuviese en su mano para hacerla efectiva, así como a apoyar a cuantos países hiciesen lo mismo.

La Tasa Tobin no es ni ha sido una buena idea. De hecho, el propio autor de la idea no tardó en declarar que había sido malinterpretado, y que tal y como se quiere aplicar ahora, veinte años después de su invención, los resultados serían contraproducentes.

Hay motivos de peso para no aplicar dicha tasa. Para empezar, se supone que la idea es gravar los movimientos especulativos de dinero a corto plazo, frente a los movimientos productivos a largo plazo, considerados beneficiosos. Pero, ¿Quién decide qué transacción es especulativa o productiva? Si un banco extranjero me concede un préstamo para renovar mi industria, ¿Se trata de un movimiento productivo? Y si vendo esa misma industria diez años después, ¿El pago de esa operación es productivo o especulativo? No es fácil distinguir siempre lo “especulativo y malvado” de lo “productivo y bueno”, por lo que en realidad la única opción es gravar todos los movimientos de capital sin distinción. Y eso, ¿a qué nos llevaría?

Si se gravan todos los movimientos del capital, lo primero que ocurrirá es que la inversión extranjera se reducirá, y eso perjudica sobre todo a los países en desarrollo, precisamente los países a los que se dice querer ayudar con esta tasa, y precisamente los países que no quieren que se aplique la Tasa Tobin. De hecho los países en desarrollo –también llamados tercer mundo- son precisamente los mayores defensores de la globalización, pero ese tema daría para mucho más que un artículo como este.

A lo anterior, debemos añadir que la Tasa Tobin es de imposible aplicación práctica, y mucho me temo los mismos políticos que pregonan su implantación lo saben perfectamente. O se aplica a la vez en todo el mundo a la vez o no sirve de nada. Mientras un solo país del mundo no la aplique, evadir la Tasa será tan fácil como operar electrónicamente desde ese país, ya que el dinero hoy día son sólo transacciones electrónicas.

Podemos seguir con más cuestiones, como por ejemplo qué tipo sería el adecuado aplicar, o, sobre todo, quién se encargaría de gestionar esa ingente cantidad de dinero recaudado. No olvidemos que los movimientos “antisistema” y “antiglobalización” que son precisamente los dos colectivos que aún defienden la aplicación de esta tasa, se dedican a tratar de sabotear cualquier reunión del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial o institución similar, por muy democráticamente que hayan sido elegidos sus integrantes.

A los españoles se nos da bien eso de arreglar los problemas de los demás mientras los nuestros siguen sin solucionar. No deja de ser curioso que nuestro Presidente se permita lanzar una proposición tan pretenciosa ante las naciones unidas a diez días de que se produzca en nuestro país una huelga general, aunque cabe añadir en su defensa que, realmente, no parece que la huelga se convoque frente al Gobierno, no?

1-La tasa Tobin es una propuesta de impuesto sobre el flujo de capitales en el mundo sugerido a iniciativa del economista estadounidense James Tobin en el año 1971, quien recibió el Premio Nobel de Economía en 1981. La Tasa Tobin consiste en pagar un impuesto cada vez que se produce una operación de cambio entre divisas, para frenar el paso de una moneda a otra y para, en palabras de Tobin, "echar arena en los engranajes demasiado bien engrasados" de los mercados monetarios y financieros internacionales. La tasa debía ser baja, en torno al 0,1%, para penalizar solamente las operaciones puramente especulativas de ida y vuelta a muy corto plazo entre monedas, y no a las inversiones.