jueves. 04.06.2026

Encontrados

Miguel Martín, Teleprensa.es

Esta es una semana triste para todos aquellos que durante seis años hemos vivido en una isla, acompañados de personas tan diferentes como nosotros mismos; para todos los que hemos seguido con pasión el devenir de Jack, Sawyer, Sayid, Kate, Hugo, John, Jin, Sun, Michael, Walt…

Lost (Perdidos) ha llegado a su fin. Lo sabíamos desde hace mucho tiempo, éramos conscientes de que durante este año nuestro viaje, ese mágico periplo por lo desconocido, concluiría sin remedio. Nos resignábamos, decíamos que aún quedaba, que aún faltaban meses, años, semanas, días, minutos…

Pero por mucho que lo evites, el tiempo siempre te alcanza.

Soy uno de los 400.000 valientes que siguieron el episodio final en Cuatro – poniéndole una hermosa cornamenta a la Fox, por eso de los subtítulos -, con lo que ello conlleva: Problemas de sincronización, pérdida de fragmentos, etc. Pero no me arrepiento, el esfuerzo mereció la pena.

Desde el mismo lunes, las críticas comenzaron a llegar: “No se ha resuelto nada”, “el final es simple y de lágrima fácil”, “ha sido una decepción”. Posiblemente, como siempre ocurre, sean las voces negativas las que más se escuchan porque, en este puñetero país, lo positivo nunca ha vendido.

Y, sin embargo, si uno busca por la red, encontrará comentarios y valoraciones más que favorables, prácticamente en la misma proporción.

Es cierto que una gran parte de los misterios de la isla no han recibido una respuesta, o que hay otros cuya solución no ha satisfecho a todos. A mí me da igual, la serie ha sido un viaje que he disfrutado en cada minuto y durante los últimos segundos estuve a punto de llorar.

El final, para mí, es el cierre perfecto a un círculo, todo acaba donde comenzó y lo hace de una forma poética, amable, dulce… Tal vez ese sea el problema, algunos esperaban una conclusión épica, otros que se listase por completo la razón de ser de todas las anomalías de la isla, otros…

Lost ha sido tan parte de nosotros, como nosotros de ella. Lo que cada espectador debe preguntarse es: ¿He disfrutado? ¿Me ha gustado en su conjunto? ¿Ha supuesto una renovación en cuanto a formas y fondo?

Ahí, no puedo dar respuestas, pero tengan en cuenta una cosa: Desde el lunes mi perfil de Facebook luce un crespón negro con el símbolo de la Iniciativa Dharma.

Un crespón negro porque cada vez que una serie termina para mí es como si sus protagonistas hubiesen muerto, es un sentimiento que se repite una y otra vez; me pasó con Chandler, Ross, Rachel, Mónica, Phoebe, Joey, por ejemplo, y con tantos otros cuyos recuerdos vienen ahora a mi mente.

Es posible que sea triste el apego que algunos mostramos a una obra de ficción, pero ¿qué quieren que les diga? A mí no me gusta la realidad; al menos no la que me ha tocado vivir y prefiero evadirme, olvidarme de todo durante 20 o 40 minutos.

Prefiero, en definitiva, perderme en una isla.

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