jueves. 04.06.2026

Turín, mayo de 2010

Miguel Martín, Teleprensa.es

Pocas veces he sentido en mis carnes que vivía un momento histórico, que formaba parte de algo más grande que yo y ahora, por fin, puedo decir que lo he hecho con todas las consecuencias; ya nunca olvidaré Turín, ni el mes de mayo de 2010, del que arrebaté tres días del calendario para trasladarme a la ciudad del Piamonte, con un único objetivo en mi mente: Ver la Sábana Santa.

La Santa Síndone es algo más que una cuestión de fe y religiosidad, no hace falta ser cristiano o creyente del tipo que sea para disfrutarla; es un misterio en sí misma, un reto a la ciencia y a las mentes más despiertas – mucho más por lo tanto para la mía – que nos señala directamente y nos desafía.

Llegué a Turín un sábado y me fui un martes por la mañana. En ese breve periodo de tiempo compartí dormitorio con filipinos que repetían visita por tercera vez, comí con italianos llegados desde todos los puntos cardinales de la península, vi a católicos, ortodoxos y ateos. Todos, por uno u otro motivo, abarrotaban las porticadas calles turinesas.

De una forma u otra habían sentido la llamada, convirtiéndose en organismos de un sistema más complejo que circulaba por las vías y avenidas como los glóbulos rojos por nuestras venas.

Por supuesto que siempre habrá quien se oponga a cualquier cosa que tenga lo más mínimo que ver con la Iglesia. Recuerdo ahora el cartel pegado en una parada de autobús de la Fundación Askatasuna que echaba en cara al gobierno regional haber dado unos tres millones de euros al Vaticano con motivo de la ostensión.

Sinceramente, creo que esos tres millones de euros los recuperaron sólo con la gente que pasó por Turín el primer fin de semana.

Pero, como de costumbre, vuelvo a divagar y a irme por las ramas. Les decía que la Sábana es un reto para la ciencia; tal vez ustedes me dirán que de reto nada, que el carbono 14 demostró que es una falsificación. Bueno, no les negaré que la del carbono 14 es una de las cientos de pruebas realizadas, como tampoco ocultaré que el análisis efectuado es ciertamente polémico y que va incluso en contra de los primeros datos históricos fidedignos que tenemos.

Lo único que les pido es que busquen algo de bibliografía y decidan por su cuenta y riesgo si la Sábana data de la Edad Media como dice el carbono 14 o no; sin pararse a pensar si el que aparece en ella es Jesús de Nazaret, o si de serlo era el hijo de Dios.

Les pido que con estos documentos en la mano descubran la única reliquia inexplicable por completo de la humanidad, porque, si bien hoy en día podemos describir sus características, todavía no hemos podido explicar satisfactoriamente como surge en un lienzo una imagen en negativo, tridimensional, sin trazos de pintura, con conocimientos anatómicos que no debería tener un judío de la época o un falsificador medieval… Y mil y un detalles más que conforman un enigma de difícil solución.

Yo, por supuesto, tengo mi opinión al respecto, aunque permitan que no la dé; ustedes tal vez prefieran creer que la imagen se creó en el momento de la Resurrección, o tal vez decidan que no es sino un caprichoso efecto natural aún no descrito, o que incluso intervinieron otras fuerzas que no comprendemos, o que fue una protofotografía realizada por un genio. Sea cuál sea su opción, al menos párense un segundo frente a la Síndone – aunque sea mentalmente -, dejen a su imaginación volar y confíen en su intuición. Difícilmente les traicionará.

Turín, mayo de 2010
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