Antonio Cobo, sacerdote
Como cada año, Dios vuelve a presentarnos su plan económico para arreglar la vida de todos los habitantes de este mundo. Un plan integral que no deja excluido a nadie, es global, “católico”, que se dice en la jerga de la “institución económica” fundada por Dios para llevarlo a cabo.
San Pablo, el apóstol número 13, cuando escribe griego, usa el término preciso para hablar del plan paternal de Dios para el mundo y lo denomina oikonomía de Dios. Esta palabra en griego significa literalmente “leyes que rigen la casa”, “normas que rigen un hogar”. Y la verdad es que este mundo cada vez parece más una casa, en la que todos vemos los mismos Simpson, comemos las mismas hamburguesas y bebemos la misma Coca-Cola. Por ello necesita un buen plan para regir la vida en este “hogar global”.
Dios es el gran “economista”, todas sus predicciones se cumplen, y además como es Padre, organiza toda la vida en el “globo-mundo-hogar” para hacer felices a sus hijos y sin ánimo de lucro, todo lo hace gratis.
Sus medidas son estructurales para la salvación de cada persona, desde el momento que somos científicamente personas, o sea, desde la concepción.
Algunas de sus medidas vienen siendo practicadas desde hace bastantes siglos, resumidas en los 10 mandamientos, aunque el mismo Dios en persona humana, Jesucristo, las actualizó hace casi 2000 años.
Propuso una medida insuperable hasta el momento: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Esta medida requiere cierto aprendizaje, y estamos en un buen momento del año para iniciar estas lecciones de economía divina.
Se requiere un poco de tiempo diario, de silencio, de atención y un ejemplar del Evangelio de San Lucas, se abre por el primer capítulo y se empieza a leer sin prejuicios, con sencillez, como el que lee la obra literaria traducida a todas las lenguas existentes y más importante de la humanidad y que más han influido positivamente a lo largo de los últimos 20 siglos.
Las primeras clases consisten en reflexionar acerca de la infancia de Jesucristo. Todo es bastante impactante. Dios que nace de una mujer, en un pesebre y totalmente ignorado por el mundo. Recibe los primeros detalles de hospitalidad humana de parte de unos pobres ganaderos, y de unos curiosos astrónomos-magos orientales. Seguidamente una serie de medidas políticas infanticidas de aquella época, le obligan a emigrar a Egipto.
Lo más impactante de esta historia real, bien documentada, es lo que sigue que ha marcado el rumbo de la Humanidad. Este admirable “Personaje”, Jesucristo, del que ahora conmemoramos su nacimiento adornando las calles, organizando cenas de empresa, de familia, cestas de productos alimenticios, sortéos de loteria especiales, pagas extra, reposteria, canciones, música, poesias especiales, etc. ha inspirado con sus enseñanzas algunos de los logros más relevantes de la Humanidad. Algunos de estos más recientes son: la Carta de los Derechos Humanos, la creación de la institución universitaria, un altísimo porcentaje de las obras cumbre del arte pictórico, musical, arquitectónico, escultórico y literario, exhibido en los mejores museos y foros culturales mundiales.
Además ha sido “motor” de incontables obras de promoción humana en los últimos veinte siglos, en los cinco continentes. Los datos son apabullantes.
Las estadísticas mundiales más recientes demuestran que las personas que inspiran su economía humana integral en el plan económico de Dios, presentado por su Hijo Jesucristo, tienen unos resultados altamente positivos en felicidad y generan mucha felicidad a su alrededor. Algunos nombres recientes más conocidos son Teresa de Calcuta y Juan Pablo II.
Por todo lo cual, en esta Navidad les propongo entrar en contacto con la sucursal más cercana de la institución fundada por Dios para salvarse de la crisis existencial, la Iglesia Católica, y dejarse ayudar, los resultados a lo largo de estos últimos 20 siglos son inmejorables.
Feliz Navidad con “crisis” y con Dios.
Antonio Cobo.Párroco de Puebla de Vícar.
