Vuelva usted mañana

Miguel Martín, Teleprensa.es

Uno de los libros que más me gustaron, de aquellos de obligatoria lectura en la época de Bachillerato, fue el de los artículos de Larra. Si algún día llegase a igualar su calidad siquiera en una décima parte, me daría ya por satisfecho. Hoy, desgraciadamente, debo contentarme con admirarlo y reconocer como supo reflejar una sociedad que no ha cambiado ni un ápice en lo más básico y profundo.

Está claro que una de sus opiniones más conocidas e la de "Vuelva usted mañana", claro ejemplo del continuismo nefasto en las costumbres y usos más innecesarios y deprimentes de nuestra España. Dolida, dañada, la Piel de Toro aguarda un despertar que no llega, por culpa en gran medida de los que somos la base de la democracia.

Creo que Almería, por ser la que nos toca a sus habitantes, es un claro ejemplo de ese volver futuro perpetuo y eterno al que ha sido penada. No hace falta que insista en los numerosos temas inconclusos: soterramiento, Corte Inglés, rehabilitaciones varias del casco histórico y barrios deprimidos… Como las obras que ahora adornan la ciudad, de las que sólo el Todopoderoso sabe la fecha de su conclusión, permanecerán con nosotros mucho tiempo.

Lo triste, lo irremediablemente negativo, es que nos conformamos con lo que hay, olvidando que desde hace años somos parte de un sistema que debería permitirnos cambiar lo que consideramos injusto, insuficiente o sencillamente intolerable.

Como de costumbre, ha sido una charla con un amigo la que ha espoleado a este plumilla, debido a los pareceres de lo que significa la Democracia.

En uno de esos fantásticos pero improbables "si yo fuese…" mantuve que, por ejemplo, de ser alcalde no mantendría la disciplina de partido en el voto, que cada uno sería libre de votar lo que quisiese de acuerdo con los dictados de su conciencia. También dije que en el poder o en la oposición, no defendería lo que dijese una administración regida por mi partido, sólo por el mero hecho de tener el color, que más allá de eso había una responsabilidad con las personas que te habían elegido, a las que debes todo lo que hagas.

Obviamente, me dijo que era un soñador.

Pues sí, lo seré, pero creo que es gracias a los soñadores, que se atreven a llevar sus ideas a la práctica, que la especie humana ha llegado a ser lo que es. No podemos olvidar que, piezas pequeñas o no de esta sociedad, somos engranajes que permiten que funcione.

Cada vez que toleramos un "vuelva usted mañana", cada vez que damos por bueno el envalentonamiento de un cantamañanas, cada vez que nos callamos porque no merece la pena, cada vez que nos dejamos pisar, en cada una de esas ocasiones, dejamos que nos gobierne la pasividad, la inercia, garantizando que aquellos que no lo merecen tengan un status quo que más adelante será imposible derribar.

Por hoy, no tengo nada más que decirles. Espero que tengan un buen día, me despido hasta la vuelta de mis vacaciones.