jueves. 04.06.2026

Almería llega tarde

Miguel Martín, teleprensa.es

Llega un momento de la semana, ese en el que ineludiblemente debo escribir estas líneas, en el que siempre me pregunto de qué puñetas puede hablar alguien como yo. Cuando me enteré de lo ocurrido en Adra pensé "del homicidio". Cuando el presidente de la Audiencia dijo que si hubiesen sido dos mujeres habría sido violencia de género, pero que al ser dos maromos no, dije "de eso". Pero no, miren, paso, mejor dejar a otros que sepan argumentar mejor que yo la lacra que es la violencia de género, o lo injusta que es una Ley que distingue entre hombres y mujeres de esta forma. Si osase adentrarme en esos procelosos océanos podría salir mal parado.

También pensé, con anterioridad, hablar de lo que significa para un friki que alguien se pase por el arco del triunfo una historia que ha significado demasiado para los de mi generación, y los de las siguientes. Me refiero a "eso", al intento de película llamado "Dragon Ball Evolution". Tal vez fuese lo que se esperaba de mí, dada la trayectoria de esta columna. Pero tampoco tengo demasiadas ganas, no he visto la película ni la pienso ver, por los mismos motivos que no vi en su momento la de "El pequeño vampiro" - y no era por tenerlos como Arturo -, sino porque lo que es grato en el recuerdo no tiene porque ser empañado. Pero no le demos más publicidad a ese engendro.

Tal vez hubiese podido escribir sobre mis paranoias y estados emocionales varios, pero como creo que ya he confesado demasiado de mí, y no tenía por qué haberlo hecho, creo que también lo vamos a dejar pasar.

Así pues ¿de qué hablar hoy?

Pues miren, permitan que les diga una cosa, ayer comí con algunas personas que no me esperaba, permitan que no diga con quién para respetar su intimidad. Durante el almuerzo surgió la cuestión, bueno, yo la saqué, de que Almería no debería ser una provincia de Andalucía. La persona en cuestión no coincidía conmigo, afirmaba que era cierto que podía habernos ido mejor, pero tampoco estaba convencida que solos hubiésemos sido una nueva Murcia (con la que nos gusta compararnos a los autonomistas almerienses).

Y la razón, argumentaba, no era sino que el avance económico no ha ido acompañado de otro cultural, que podíamos ser casi una Bilbao, pero no tenemos ni la mitad de titulados superiores de allí. Pero, sobre todo, porque somos los propios almerienses los que no nos hemos hecho querer por los que gobiernan en Sevilla.

Decía que por qué no íbamos a poder tener dos, tres, los consejeros que hagan falta en la Junta, cuando Jaén, que no es más que Almería los ha tenido. O no nos lo hemos creído, o no hemos tenido ganas.

Como mi discurso es un tanto más limitado, insistí en la idea del pasotismo almeriense, el quejarse de todo pero no hacer nada, ese mismo carácter que le lleva a criticar su tierra, pero sin permitir que se la toquen, ni evitar que siga así. Por desgracia, por motivos ajenos a los participantes, la conversación no llegó a más en este sentido.

Aún así, parece interesante la reflexión, que somos los propios almerienses los que no hemos sabido promocionarnos. Puede que no coincida plenamente, cierto, y que me siga dando una arcada detrás de otra cuando piense lo que tardó en llegar la A92 – y en qué condiciones -, mientras que los sevillanos tienen un estadio olímpico que nadie utiliza, metro y lo que les de la gana.

Entonces ¿qué sería mejor? ¿Conseguir más Martinicos en la Junta? ¿Pasarnos a un bando oscuro solitario? Tal y como está la cosa, parece más fácil y real la primera solución, ya que todo el mundo, al que le he planteado en algún momento la posibilidad de una autonomía, o se confunde y te dice "¿no hay bastante con un País Vasco?", o te suelta lo de "llegas un poco tarde".

Tarde, Almería siempre llega tarde.

Creo que merece la pena luchar por vencer al reloj, pero para ello es imprescindible dejarse de estrategias partidistas, de llorar por llorar, y pasar a soñar y creerse los amos del universo.

O de coger las maletas y marcharse.

Almería llega tarde
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