Miguel Martín, teleprensa.es
Llegó, tenía que suceder y ha sucedido. La cuenta atrás iniciada hace 366 días, no olvidemos que 2008 fue bisiesto, ha llegado a su fin, alcanzando una meta que no es sino la muerte, de la que renacerá, transformada ligeramente, para volver a descontar los días que quedan hasta su final. Atrás quedan momentos para el olvido, quizás otros para el recuerdo, algunos de entendimiento y otros de desacuerdo. Sea como fuere, 2008 decide que toca visitar a sus antecesores en el otro barrio, dando paso a 2009.
Habrá quien diga que fue un año malo, bueno, después de 1980 todos lo fueron, esa fue la última década en la que una generación española se salvó de la quema – o eso dicen algunas cadenas de correo – y todo lo demás apesta.
Aunque, hablando en serio, lo recordaré como el año en el que se me dio la oportunidad de trabajar en aquello para lo que me preparé. No es del todo cierto, comencé mi labor en Teleprensa a finales de 2007, pero he desarrollado la misma fundamentalmente a lo largo de este año. Cierto es que antes había sido becario en otro lugar... Pero no creo que cuente.
Así pues, 2008 ha supuesto perder la virginidad en demasiados temas, en tener que afrontar una realidad, la política, que no me gustaba, no me gusta y, concluyo, que cada día me gustará menos. Casi con el inicio del año, se nos vino encima una campaña electoral de dos pares de narices, tanto para las Generales, como para las Autonómicas, aunque, no nos engañemos, cada uno de los segundos de la legislatura, en el prólogo, la introducción, el nudo, el desenlace y el epílogo, la campaña sigue viva.
Como prefiero pasar un poco de la política, me quedo también con momentos que marcan a fuego, aunque por lo repugnante, como aquellos bebés abandonados en contenedores de basura. Doy gracias por no dedicarme de lleno a los sucesos – aunque he de reconocer que, tal vez morbosamente, son más interesantes que el tema anterior -, porque de tener que enfrentarme todos los días a casos así...
No puedo evitar recordar los conflictos en Roquetas y La Mojonera... Sobre todo aquel día que echando leches mi amiga Diana y yo nos fuimos para La Cañada, a sacar una triste foto de "El Bollo". Entonces descubres lo que es un codazo en las costillas para sacar el mejor plano, aunque, dada la situación, está más que justificado. Les confieso, eso sí, que cuando uno escucha que lo peor está por venir, le tiemblan los pelillos del cogote.
Temblores me ha dado también la puñetera crisis, aunque sólo sea por vez el uso demagógico y electoralista que se le ha dado. A estas alturas de la película, no soy capaz de decir quien es el malo, si lo hay, o por qué salen tantos cómplices que intentan echarle la mierda a uno u otro... De nuevo, espero que 2009 no sea tan sádico con nosotros como se afirma constantemente, prefiero aguardar con miedo únicamente a 2012, por eso del fin del mundo, para que cuando acabe pueda decir "sandeces".
Con mucho más cariño atesoro las, muchas o pocas, entrevistillas que he podido hacer a algunos autores de libros con los que, además, han tenido a bien obsequiarme. Pero, sin dudarlo, por ser el primero al que se la realicé – por teléfono, no me olvido -, por haber coincidido con él en la charla de J.J. Benítez, haber acudido a alguna de sus presentaciones y por tratar los temas que trata, le mando mi gratitud a Alberto Cerezuela, que ya ha surcado los mares del misterio en la nave de Iker Jiménez. Alberto, ten presente que, si no el primero, sí soy uno de los que antes llamó a tu móvil para preguntarte por tu libro "Enigmas y leyendas de Almería", aunque eso que dices en tu blog de "gran periodista", en referencia a mi persona, me queda demasiado grande.
Por cierto, en petit comité se dicen muchas más verdades, inconfesables a posteriori, que en grandes ruedas. Verdades que te muestran como lo que creías que era justo, bueno y bello – toma platonada -, no lo es tanto. Espero que tengan en su base de datos cerebral una frase de Expediente-X: "Trust no one", no confíes en nadie, pues eso deberían hacer cuando lean o escuchen la próxima protesta, porque no es oro todo lo que reluce y muchas veces el que más se queja de falta de dinero, o lo que sea en este sentido, se baja de un cochazo – incluso con chófer, si se da el caso – para unirse al resto.
Con esto no quiero decir que todas las reivindicaciones no sean justas, sólo digo que no siempre el fin último es el que se dice... Bueno, espero que me entiendan.
El gasoducto es otro de los elementos claves para mí, ya no tanto por los beneficios económicos que reportará, que sin duda serán muchos, sino por todo lo que ha implicado para la sociedad almerienses, en diversas y diferentes escalas, con pareceres de todo tipo. Cuando la semana pasada Medgaz comunicaba el fin de las obras, pensé algo así como "por fin, se habrán quedado descansando". Mi enhorabuena a las personas encargadas de la comunicación de la empresa, a Ana especialmente, por un trato siempre excelente y por haber sabido atajar todos los inconvenientes que han sobrevenido en estos meses.
En el tintero, gotitas de tinta pugnan por salir, mezclarse con la plumilla y escribir, pero no, no quiero abusar enumerando uno a uno todos los momentos que han despertado algo en mí.
¿Qué más decirles? ¿Tal vez los propósitos y deseos para el año que viene? Los propósitos no los cuento, que son algo personal, de los deseos contaré aquellos que afecten a la ciudad: que haya un entendimiento real entre fuerzas políticas, que la crisis pase tan rápido que ni nos demos cuenta, que el soterramiento esté más cercano... ¡Y que no hablen más de austeridad, que me los cargo!
