Miguel Martín, teleprensa.es
Miren, tenía pensado escribir sobre la Navidad, la falta de efectivo en los bolsillos y de como este año, a poco que me descuide, me quedo sin catar esos manjares que el año pasado nos regalaba la administración pública a los periodistas en desayunos y convites varios. Pero como, a fin de cuentas, se podía argumentar que era la pataleta de un puñetero gordo que se ha quedado sin comida y no una reflexión de como afecta la crisis, con adopción de medidas de "austeridad" en todos los sectores, prefiero borrar lo que llevaba escrito y comenzar de nuevo. Navegando, como siempre, por un proceloso mar de comedura mental, claro.
Olvidado el tema navideño, pasemos a otra cosa.
Debo reconocer que no estoy muy inspirado, tal vez porque motivos personales – de esos que no se le desean ni a tu peor enemigo – no me dejan pensar con claridad. Aunque, miren, tal vez ya haya encontrado una musa que me inspire. Por ejemplo, la crisis, los impagos y como afectan a empresas que hasta ahora aguantaban el tiempo que fuese necesario.
Empresas de todos los tamaños, oiga. Ayer mismo ya escuchaba esos rumores maliciosos que dicen que lo de la venta de la Casa de las Mariposas no ha sido tal, sino que Cajamar habría perdonado parte de la deuda que Metrovacesa tenía con la caja de esta manera. No lo sé, no lo puedo afirmar y no quiero que me demanden por decir nada que no proceda, así que no lo aseguro, aunque me lo comentase gente del sector, gente que ha visto como seis de sus compañeros eran llamados uno detrás de otro a un despacho, del que salían con la cabeza gacha, sin empleo y sin ganas.
Vivo ahora en primera persona lo que es el necesitar reclamar un pago. Mi familia tenía una empresa, una sociedad limitada y ahora ya no es tan fácil hacer que un proveedor aguante como antes. Cierto es que en mi caso se une la nefasta gestión de determinadas personas, pero en el entorno, todos sufren de lo mismo. Es una cadena de "no puedo pagarte porque no me pagan" que conduce directamente a un infierno.
Esta misma mañana escuchaba en la radio que aún quedan viviendas y obras en construcción, pero que tienen los días contados para ser finalizadas. En el programa que escuchaba, citaban varios estudios que daban por hecho que esos trabajadores lo único que iban a engrosar eran las colas del paro, creando una nueva reacción en cadena que afectará a otros sectores, como los servicios, que dependen de la disponibilidad de billetes en las carteras y bolsos de los españolitos. Si no tienes, no gastas. Así de sencillo.
En estos momentos, me da rabia no entender, no tener conocimientos de economía, para discernir cual de las posibilidades futuras es la más certera y real; sí podremos salir más o menos airosos, en cuanto tiempo, o si las medidas de los Gobiernos servirán para algo.
Ayer mismo, el delegado del Gobierno en Almería presentaba el programa PROTEJA, muy similar al Fondo de Inversión Local del Gobierno de ZP, para activar la obra pública y con ella el empleo. Espero, sinceramente, que estas medidas lleguen a tener éxito, independientemente de que se pueda considerar que los Ayuntamientos van a tener que correr mucho. Pero, tal vez, no se les puede pedir menos en estos momentos.
Lo que sí pido, a título personal, es que se dejen, aunque sea por una vez, de mierdas. Que estén todos a lo que tienen que estar, que no le den el uso político, que ya le han dado, a la crisis, el desempleo y los parados. No se puede hablar de personas como simples números que pueden aprovecharse para atacar a tu adversario. No, porque entonces todo estaría permitido y no soy partidario de esa postura. Los partidos políticos, por mucho odio que pudieran tenerse entre ellos, no deberían trasladar esta inquina a según que cuestiones.
Ayer mismo, parece que hablo demasiado, otro amigo me hablaba de lo equivocado del PP de vetar en el Senado los presupuestos, usando para ello a ERC. Pues es cierto, no vale todo, menos ahora. Y el que me lo decía, no era precisamente de izquierdas. También me recordaba lo que un profesor y amigo - ¡hola, Joe! -, de origen estadounidense, nos decía de como se veía la política en EE.UU. cuando él era joven: podías luchar a muerte, pero cuando tu rival era elegido presidente, le debías lealtad en las temas más importantes, apoyar al presidente que los ciudadanos habían escogido, aunque tuvieras tus propias ideas.
Suena utópico y tal vez lo sea, pero, aquí, más que de colores, ideologías, deberíamos hablar de formas de entender una gestión, que pudiesen complementarse, apoyarse, tenemos puntos de unión y fusión, para lograr lo que todos quieren: salir del jodido pozo en el que nos hemos caído, ya sea solos, o porque alguien nos ha empujado.
