Miguel Martín, teleprensa.es
¿Saben qué? Cada vez me siento más perdido en un mar de dudas, en el que he naufragado sin solución de continuidad, con un final que no es el que más me gustaría ver, pero, que por desgracia, es el que hay, y, una vez rodada, editada y proyectada, esta película que es nuestra existencia, poco puede uno hacer. Estos días (¡ay! ¡Estos días!), han dejado muchas imágenes para el recuerdo, un reflejo de una realidad que no se sustenta, pues sus pies son de barro, y, encima, poco cocido.
Pero bueno, de hablar de eso, habrá tiempo, y no quiero perder más de ese regalo divino, porque hay curro por delante, y cada vez más, no lo niegue, pillín – permita ese tono familiar -, que a usted le gusta trabajar, y cuantas más horas mejor, que para eso está.
Suerte que tenemos, que los eurodiputados, esos señores tan cercanos al común de los mortales, han reconocido, por una vez, y sin que sirva de precedente, una necesidad tan básica y acuciante. Tampoco hay que ser olvidadizos, oiga, que ya algo de elevar la edad de jubilación se había escuchado. Si es que son unos santos, que velan porque durmamos tranquilos por las noches… ¡En las cuatro horas que permite nuestra auto impuesta jornada!
La lástima, es que los eurodiputados españoles, no se mojen y se abstengan, que después quedarán como unos despreocupados, que no supieron escuchar la voz de un pueblo, que les pedía, solicitaba, rogaba, exigía, más y más horas de ganarse el pan con el sudor de nuestras frentes. ¡Dios no se anda con chiquitas! Y, a la hora de maldecir, menos, que el maldito, transfigúrase en bendito, por amor a su Señor.
Pues nada, animemos todos el cotarro, para que esas deseadas 65 horas semanales lleguen cuanto antes, que en ellas está la solución a todos nuestros males. Si ya lo pensaba yo, trabajamos poco, y hay que hacerlo más, mucho más…
Ya fuera de bromas, porque el tema hay que tomárselo así, pero sólo hasta cierto punto, no sé que decir de esta decisión europea, que, de acuerdo, aún no ha sido aprobada, y puede que ni lo sea. Pero, el mero hecho de haberla puesto sobre la mesa, da que pensar, y no es algo especialmente bueno lo que acude a mi mente, especialmente porque, como español que soy, creo que nuestro país puede sacar lo peor de lo peor de algo, que a priori, se sugiere como positivo.
Primero, aunque se supone, y corríjanme si me equivoco, que soy un poco zoquete, que sería una opción, una alternativa, que el empleado podría tomar. Craso error, porque, de Lazarillos, Don Juanes, hidalgos venidos a menos, y pícaros, está compuesta nuestra sociedad – de nuevo, recuerdo que hay, y seguro que muchas, excepciones, pero, por desgracia, para exponer mi idea, debo generalizar. No quiero hablar mal de los empresarios, ya que mi propio padre tuvo asalariados, y algo de eso me toca, pero, seguro, que esa opción, puede pasar a “obligación”, de una forma muy sencilla. Que todos nos conocemos.
¿Significa, por otro lado, más ingresos? Pues supongo que esa será la idea, ahora, dudo mucho que, si hay un incremento, sea proporcional, aunque, repito de nuevo, esto es hablar del sexo de los ángeles, poniéndose en lo peor, sobre todo, porque quiero huir de lo fácil, que sería hablar de la pérdida de los derechos del trabajador, tan duramente conseguidos tras siglos de… ¡Dios! ¡Me he aburrido sólo de escribirlo! Tanto más ustedes de leerlo.
No, aquí interesa la cartera, y quien diga blanco, en lugar de negro, o es daltónico, o miente. ¿Suben los sueldos? Por mí, que suban, si a alguien le compensa, que decida lo que debe hacer, ahora, que saque cuentas de las horas que le quedan de vida, y las tenga presentes.
¿Puede servir para que no se genere un puesto de trabajo? Aclaro, me refiero a, “si actualmente el empleado A, realiza un trabajo de 40 horas semanales, y el trabajador B hace lo propio; si le añado 20 a uno, y 20 a otro ¿para qué quiero un trabajador C?”. Lo siento, soy un puñetero y jodido simplista, pero es que en mi cabeza, y eso que es gorda la jodida, no caben más de dos o tres conceptos a la vez.
Además, si ya aparece por ahí que hasta es malo para la salud, y muy bueno no debe ser, porque vamos, algunos es ver al jefe, y ya se ponen malos. Hombre, hacer esto es arriesgarse a una sobredosis o sobre-exposición – no, querido y excelso jefe, eso no va por ti, ¡Oh, grandioso! -.
Bueno, pues parece que podemos grabarnos a fuego en nuestras pieles el horario laboral, porque, de seguir esto adelante, al final, lo único que vamos a escuchar, esperemos que con un tono parecido al de Joaquín Prat, será: ¡A currar!
P.D. Mi respeto y cariño, a todos aquellos que ya llegan a las 65 horas, las 70, 80 y las que haga falta, ellos, si que merecen que se les tenga en consideración.
