Hablemos sin paréntesis
Hugo Fernández-Vega
Dicen que los jóvenes somos el futuro de un país, de un estado, del mundo entero. Y quizás sea cierto eso que dicen, que nosotros tenemos en nuestras manos la posibilidad de cambiarlo todo, o de empeorarlo más. Siempre he creído que una sola persona no puede cambiar el mundo, pero que todos unidos tenemos la fuerza de alterar lo que deseemos. Al fin y al cabo, todos somos humanos, y no hay rejas lo suficientemente densas como para encerrar la voz tras ellas. Pero últimamente, tras unas elecciones tan reñidas, la subida de los precios, el aumento del paro, el incremento de afectados por la violencia de género, el racismo (acrecentado por unas ideas políticas del todo xenófobas y su "contrato español"), etc. me he estado planteando QUÉ es lo que nos van a dejar cambiar. En España, la situación actual no es del todo clara. La gente se muerde los puños, y no me refiero ya a funcionarios, sino a los obreros, a esa clase tan discriminada antaño que sigue estando discriminada ahora. Me refiero, por ejemplo, a la cantidad de gente que vive en la calle, sin techo, sin sustento, y que pide unas monedas por abrir la puerta de un supermercado junto a un perro famélico que parece pedirte piedad. Sí, la realidad es que, tras tantas sonrisas y tanta demagogia (por parte de los dos partidos políticos principales, debido al muy mencionado ya "bipartidismo") se esconde una realidad mucho más cruda. Además ¿Quién sabe si, cuando tengamos la oportunidad de cambiar algo, España será España? La ETA parece ser un virus imposible de erradicar del ánimo vasco, y para más INRI, se está empezando a identificar a esta comunidad con el terrorismo. Es como si ver a una persona de Euskadi por la calle conllevara ver a la muerte con pasamontañas. ¿Quién sabe si conseguirán lo que quieren o si, siguiendo su ejemplo, otras comunidades echarán mano del mismo recurso repulsivo? Por otro lado, está el imperialismo estadounidense, que nos hace caer con él a la mínima, destrozando todos los esquemas sociales y económicos. Esto, unido al creciente radicalismo de ideas, el precario estado del planeta y la frágil línea que separa la amistad y el odio entre los países, me hace plantearme... ¿Nosotros somos los que tendremos el futuro en las manos, o los encargados de recoger las cenizas que los actuales mandatarios se dedican a esparcir? ¿Es nuestra responsabilidad el futuro o es su responsabilidad el no dejar un pasado que tener que recomponer? Y eso no es todo. El mundo, poco a poco, se vuelve analfabeto. No hace mucho, vi una entrevista a gente que encontraban por la calle, a la que les preguntaban cuántos lados tenía un triángulo o cuál era la moneda del Reino Unido. Hubo una señora que hasta se atrevió a preguntar que qué era el Reino Unido. Poco a poco, la televisión basura, los malos planes de estudio, la posibilidad de pasar con cuatro suspensas, etc. están haciendo del mundo algo deplorable, que va a costar levantar sudor y esfuerzo. Supongo que es muy fácil (y está muy de moda) eso de lavarse las manos, mirar hacia adelante y decir: -Otros lo arreglarán por mí- pero, quizás sea por esa tonta ética que me enseñaron de pequeño y por todos mis años de estudio, que no termino de verlo aceptable. Al fin y al cabo, este mundo, pese a cada religión, color de piel, creencia o ideología, es el mismo para todos, sea esto bueno o malo. En definitiva, si nosotros hemos de ser el futuro, que ellos demuestren ser el presente.
Hugo Fernández-Vega Álvarez